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ABRIL 24

Esta mañana hago una pausa en la lectura del libro y abro la liga a un artículo publicado en “Campus Milenio”, de Humberto Muñoz García, notable investigador de la UNAM. Se titula “Elites y universidades”.

Es un repaso a los pensadores de la teoría de las elites, como Marx, Weber, Mosca y Pareto; más recientemente, dice, Hunter y Dahk, y siempre C. W. Mills.

Concluye su artículo con un texto que suscribo sin dilación:

A nosotros los mexicanos, nos toca combatir el deterioro de la vida social y actuar contra la concentración del poder a escala global, para lo cual es necesario tener universidades competentes y que brinden una muy buena educación a las generaciones nuevas. Las universidades necesitan prepararse, en este contexto, para auxiliar a la sociedad en el escrutinio de las decisiones globales, analizar sus efectos y formular opiniones que abran grados de libertad al país. Corresponde, también, imbuir ética a la política y estimular una ciudadanía activa. Mantenerse como espacio organizado para el debate público, proponer soluciones y promover la cohesión cultural.

EL LIBRO DE CADA DÍA

Saramago LibroAyer estaba seguro de que hoy mi página sólo podría dedicarla al Día Mundial del Libro. Decidido a cumplir mi compromiso, de escribir la nota fresca, no emborroné una línea. Hoy, entre reuniones de distintos tipos, duraciones y sensaciones, en algunos momentos divagué y busqué el tema puntual y el tono. Repasé muchos, tantos, que al final de mi jornada laboral, exhausto por la agenda y el calor, deseché todas las ideas: una definición personal del libro, mis primeros libros, los que más disfruté, los que releí, mis autores predilectos, hasta una anécdota con mi hijo cierta ocasión en que me reprochó la bibliofilia.

Con el tanque de gasolina en reserva, un eximio lector me preguntó si había leído Nuestro libro de cada día, de José Saramago. Me sorprendió. Estaba seguro de conocer su obra completa. No. No lo he leído. Pues es breve y está bueno. Y heme aquí, desfalleciente, que me di a la tarea de conseguirlo y leerlo.

Es un libro pequeñito. Según se explica, transcribe la alocución del Nobel portugués el 19 de mayo de 1999, en la XVI Feria del Libro de Granada.

Tirando a la papelera los temas, opto por destacar trozos de esta deliciosa obra.

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¿UNIVERSITARIOS ANALFABETOS?

Dia-mundial-del-libroMañana es el día mundial del libro. Al recordarlo, me vino a la memoria una entrevista leída recientemente en la sección Cultura del diario español El País. El título es escandaloso, o una provocación: “La gente que sale de la universidad hoy es muy analfabeta”. Son palabras de Gonzalo Pontón, editor catalán que fundó la muy prestigiada editorial Crítica y más próximo, otra editorial, Pasado y Presente.

Su andanada inicial es contra los economistas, estudiantes y profesores, a quienes acusan de no leer nada fuera de su campo:

Cada vez se fue pidiendo menos a los estudiantes que un buen día se licenciaron y una parte de ellos trataron de quedarse en la universidad. Perdieron la curiosidad para atender las necesidades perentorias de la colocación. Son los catedráticos de hoy. No se puede esperar gran cosa de ellos. La gente que sale hoy de la universidad es profundamente analfabeta. Que no se me enfaden solo los economistas. Que se me enfaden todos.

Releyendo la entrevista busqué otro artículo que atesoro, escrito hace algunos años por José Ramón Alonso, siendo rector de la Universidad de Salamanca, publicado también en El País. Allí, responde a la pregunta de qué es lo básico para un estudiante universitario, lo que todos deben saber y saber hacer en once pistas.

-Los universitarios deben saber leer. No es insultante, dice; es cierto. Leer, ubicar ideas principales, evaluar lo leído con sentido crítico y llegar a conclusiones propias.

-Saber escribir, y es válido en cualquier profesión: comunicar con claridad, eficacia, extensión equilibrada y rigor en el uso de información.

-Saber hablar a una persona o a cien; presentar las ideas propias y hurgar las ajenas, conducir y ganar un debate.

-Ser disciplinado, perseverante: hacer un plan y cumplirlo; comprometerse y respetar compromisos.

-Tener una visión internacional. Conocer y apreciar otras culturas, otros países, entenderlos.

-Ser creativo en el trabajo y en la vida. Explorar el arte no sólo como espectador.

-Conocer las herramientas propias de su disciplina: el método científico o las grandes tradiciones culturales de las Humanidades.

-Alfabetizado en las nuevas tecnologías.

-Poseer una cultura general.

-“El universitario debe tener la capacidad de romper con los decálogos, con las tradiciones estúpidas, con los criterios de rebaño, con el qué dirán y el me da lo mismo.”

-Una visión ética.

OJALÁ ESTÉ EQUIVOCADO

Si las muestras de desprecio que se perciben entre equipos y partidarios de candidatos a puestos de elección popular, particularmente al gobierno del Estado, fueran como un dolor de muelas, no habría que preocuparse demasiado. Igual que con la visita al dentista, las discrepancias se zanjarían en la semana posterior a las elecciones, luego de su calificación.

Cerrado el capítulo, a trabajar: unos a preparar la toma del gobierno y los otros a curar heridas, y todos, a sacar enseñanzas para el futuro. Unos y otros a asumir su papel, como oposición inteligente, crítica pero abierta, o como gobierno sensible e incluyente. Separados y juntos cuando sea preciso, a acordar lo mejor y trabajar en ello por Colima.

Así tendría que ser en una democracia consolidada, hecha realidad, no solo adjetivo demagógico. Si apostáramos al diálogo y del debate, antes que al denuesto, la mentira o la intriga. Si nuestra cultura política fuera ejemplar, reflejo de nuestra estatura.

Me temo que el horizonte es sombrío; que la tormenta se puede prolongar. Las lecciones del pasado, las afrentas, la incompetencia, la civilidad (o su falta) y las ambiciones podrían crispar el escenario posterior al 7 de junio.

¡Ojalá esté torpemente equivocado!

MÉXICO: MEDALLA DE PLATA EN IMPUNIDAD

La semana pasada escribí que en México el problema más grave es la impunidad, no la corrupción; que la corrupción es una práctica más o menos universal, pero la impunidad se asienta en algunos países y regiones del mundo.

Mal generalizado, pero con diferencias notables: en algunos países, culturalmente distintos a nosotros, no tiene la gravedad que acá.

En la página de Canal Once leo hoy una nota que apuntala la tesis. Se titula: “México, penúltimo lugar en índice de impunidad”. Refiere los resultados, poco honorables, a partir del primer “Índice de impunidad global”, presentado por la Universidad de las Américas. Los evaluados, 59 países.

Se resaltan deficiencias en tres ejes: sistema de justicia, de seguridad y derechos humanos. También aporta datos: deberíamos tener 17 jueces por cada cien mil habitantes; tenemos cuatro.

A veces sería preferible estar equivocado, muy equivocado o ser imbécil en los juicios. Hoy, no fue el caso.

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