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ZOPENCO

En “Agresión gubernamental contras las Forces Libres de la Paix. Maurice Laisant, condenado”, escrito por Maurice Joyeux, leo: “Los zopencos que están delante del escenario del teatro Bourbon apelan a la paz”.

Zopencos. Palabra saltarina. Busco en el Diccionario de la Lengua Española, de la Real Academia. Zopenco (también aplica “zopenca”, para ser justos con ellas): “adj. fam. Tonto y abrutado”. Eso, me digo, eso tenemos que evitar en las próximas elecciones, aunque, si seguimos al pie de la letra, corremos el riesgo de la abstención.

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MARTES GRIS

Ocupado y preocupado

Martes gris en el ambiente, como mis cavilaciones. Entre ocupaciones y preocupaciones transcurrió la jornada laboral. Ocupado en las tareas de corregir un próximo libro, El ocaso neoliberal. Ensayos sobre la educación ( ya en su enésima versión). Preocupado por los compromisos que se van acumulando de a poquito en la agenda. Hoy me atribulan las obligaciones de elegir buen tema para una conferencia inaugural de inicio de cursos en la facultad. Un poco más lejos, pero ya amenazante, me inquieta el artículo que debo enviar al periódico español “Escuela” en unos días.

Así, sin piedad, me recibió este martes 13.

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CURA PARA LA FATIGA

“¿Necesitas tomar café o té para despertar? ¿Te sientes cansado sin razón aparente? ¿Estás completamente estresado al final de la semana o incluso al final del día?”.

Si alguna de tus respuestas es afirmativa, entonces, dice la publicidad, cómprate el maravilloso libro La cura para la fatiga, escrito por Sohère Roked. El subtítulo no deja lugar a dudas: “Descubre cómo combatir la fatiga y recuperar la credibilidad”.

Sólo tiene dos inconvenientes, uno menor, es cuestión de tiempo: saldrá a la venta en formato e-pub el 15 de enero, en unas horas nomás. La otra me parece más estructural: si vives dormido, cansado, apenas abres tus ojitos a mediodía ya en la oficina o escuela, estás estresado o francamente encabronado, no tendrás tiempo ni ganas de leer un libro, así prometa la cura maravillosa para el bíblico pecado de la pereza (o alguna enfermedad que te la provoca).

Creo que aquí sí les falló a los genios de Penguin Random House, pues en lugar de un libro de casi 300 páginas, debieron sacarlo en formato audiolibro, en serie de dibujos animados, o ya de plano en película de tercera dimensión. Eso sí sería genial, coherente, sobre todo.

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DOMINGO DE FÚTBOL

Domingo de fútbol. De fútbol americano y de soccer. Escribo estas líneas pocos minutos antes del encuentro Barça-Atlético de Madrid. Emocionado y expectante. Haré una pausa en la jornada laboral en casa para sentarme al televisor hasta que los niños me sacudan. Estoy hambriento de ver un choque espectacular entre dos estilos distintos, entre uno que arrastra un pasado reciente glorioso y otro, que con entrega, tenacidad, solidaridad y un genio en el banquillo, habita por ahora el cielo europeo.

Aficionado el Barça, admirador del estilo que embelleció Guardiola, sufro cada domingo desde la partida de Tito Vilanova. A diferencia del poderoso Real Madrid que hoy es muy predecible porque gana y aplasta casi cada partido, el Barça es predecible por repetitivo, a veces soso y depende, en buena medida, de la actitud displicente de Lio Messi, genio con el ingenio displicente.

Soy de quienes creen que el fútbol es para ganar y gustar. Y este Barça gana menos y gusta a cuenta gotas. Su rival de hoy, el más temible para los catalanes desde que llegó Diego Simeone como director técnico, basa su espectacularidad en un férreo juego de la mitad del campo hacia atrás y efectividad mortífera en delanteros letales. Barça llega mucho, pero hubo partidos en que no disparó a portería. Atleti llega menos, pero con un gol le basta porque defiende con la fiereza con que lo hizo Simeone.

Así, espero un partido cerrado, tenso, pero confío en que este indigente de buen fútbol hoy no muera de hambre.

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Dos horas después terminé exhausto. Feliz, también. El marcador favoreció mis colores, aunque eso es secundario. Quería saciar el apetito del fútbol que apuesta a ganar y a jugar. Lo conseguí. Un Paternina banda roja (no mi favorito, aclárese) y un queso de la tierra de Xavi Hernández (manchego, para los neófitos y mujeres) fueron deliciosa compañía.

El partido reconforta como aficionado. La sonrisa de Messi es tan cara como anhelada, por escasa y porque aparece cuando sucede algo fuera de lo humano; la sonrisa de Neymar es como el espíritu de los brasileños, festiva incluso en momentos de desgracia. Porque la distancia entre Messi y Neymar en el fútbol se acorta, aunque son incomparables, como el tango y la samba.

El Atleti tuvo que romper su guión clásico de aguantar y volver locos a los rivales por un asedio de los genios catalanes. No fue voluntario, pero debemos agradecérselo a Simeone. 

En el Barcelona se está volviendo costumbre que los tres sudamericanos de la delantera se apunten en el marcador. Con este equipo, con esta fiebre y este empuje, con todo y los errores arbitrales evidentes en el tobillo sangrante de Neymar, podemos encarar con dignidad a cualesquiera de los equipos de Madrid en la durísima aduana de la Copa del Rey.

Un detalle más me queda de este partido. Mariana Belén, aficionada indomable del buen queso, acompañaba en la sala femeninamente sentada cuando Messi hizo el tercer gol. Nuestro abrazo espontáneo frente a la tele selló el gol y un recuerdo imborrable.

SEMANA NEGRA

La trágica semana parisina y mundial terminó con un insensato caudal de muertos. En El hombre rebelde, Albert Camus escribió: Si este mundo no tiene un sentido superior, si el hombre sólo tiene al hombre como garante, basta que un hombre cercene a un solo ser de la sociedad de los vivos para que él mismo se excluya de la misma.

Aunque los fundamentalistas se excluyeron de esta sociedad, y la solidaridad e indignación global abonan a un tierno optimismo, sobran razones para la tristeza y el dolor. 

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Hoy cumplo diez días de esta aventura. Primera meta lograda, nunca antes alcanzada. Una proeza personal. No quiero asomarme al resto de las metas, cada vez más distantes, y casi descomunales, así que seguiré paso a pasito, sin horarios fijos ni rutinas. Curioso e ilusionado, un poco más cada veinticuatro horas.