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Las calles de esa ciudad

El lunes tuve oportunidad de caminar las calles del centro de Chihuahua. Sus edificios son de una arquitectura distinta a las de ciudades más próximas en la geografía y sentimientos.

No me detendré en detalles técnicos o artísticos porque carezco de autoridad. Veo las construcciones, me paro en lo que creo un buen ángulo y no estorba el tráfico humano, y sigo. Me gusta, no me gusta, me es indiferente, o algo así, mientras doy el siguiente paso hacia ninguna parte, habitualmente.

Esperaba un paseo menos agitado. Pedí al taxista que me dejara en la peatonal, pero solo al bajar me di cuenta que, como las calles de otras ciudades, el comercio se instaló, se apoderó de las vías públicas, y sus gritos llamando a los clientes son semejantes, con variaciones producidas por los giros particulares del idioma. Pero la ropa, los negocios, los carteles, casi todo tan común, como si se calcara.

Aunque quisiera no verlos y andar sin prisa, era imposible. Lunes, día inhábil, cierre del “Buen fin”. La gente inundaba y la marea desenfadada te detenía aquí o allá.

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Más que fútbol

BarcaGerard Piqué había dicho en la semana que jugar contra el Real Madrid le ponía cachondo. Shakira pasará feliz fin de semana, como todos los aficionados del Fútbol Club Barcelona, el Barça.

El resumen del derbi español, que no deja indiferente a casi nadie en el mundo futbolístico, se podría montar con dos gestos alrededor del defensa central catalán. Por sus posturas políticas, Gerard Piqué se ha acostumbrado a ver como le pitan en todas las canchas españolas fuera de Cataluña, con el Barça y la selección nacional. Hoy, en territorio del más feroz adversario, los aficionados terminaron tan exhaustos y deprimidos, que no tuvieron energía para reprocharle. A cambio, Andrés Iniesta salió de la cancha aplaudido por la afición blanca.

El segundo gesto de Piqué exhibe hambre por la victoria, orgullo: cuando ganaban cero a cuatro, Munir se adelanta y le roba la posibilidad de volver a anotar el quinto gol; el gesto rabioso de reproche puede ser poco amistoso, pero muestra determinación.

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Ecos del Congreso de Investigación Educativa

Días intensos. Lejanía de casa. Una habitación extraña, cuarto de hotel, apenas levemente acondicionado para no sentir la frialdad que afuera cala por inhabitual.

Jornada laboral distinta, trocada en espacios de aprendizaje. Semana singular. Más de 1200 ponencias. Montón de conferencias magistrales, conversaciones, simposios, presentaciones de libros, premiaciones, exposiciones. 300 páginas de programa.

Encuentros con viejos y queridos amigos. Cercanía fugaz con otros; descubrimiento de nuevos. Relaciones que eran virtuales y se vuelven felizmente reales.

Comida fatal en la sede. Cafés abundantes para soportar feroces andanadas de sueño provocado por soporíferos (algunos) discursos deshilvanados. Reuniones de pasillo. Intercambio de libros. Saludos forzados.

Miradas que se cruzan. Polémicas impertinentes. Doctos doctores que nunca tuvieron lucidez y hoy se desnudan en público. Maestras, maestros impuntuales. Gente amable por doquier entre los anfitriones.

Las investigadoras e investigadores que se caen (o siguen en picada) de pedestales autoerigidos. Charlatanes disfrazados de académicos. Hoguera de vanidades. Académicos que se sienten estrellas del espectáculo de la palabra. Momias estilizadas y fatuas.

Conversaciones y monólogos.

Investigadores serios que se preparan, que exponen nuevas posturas, otras ideas, hallazgos. Investigadores ejemplares. Investigadores que muchos quieren imitar. Mujeres y hombres afectuosos, accesibles, humanos, con pies en tierra.

Una torre de Babel. Y, sin embargo, volver es casi indispensable.

En algún lugar del cielo, entre Chihuahua, Torreón y Guadalajara

Mi enfado con Facebook

Esta madrugada desperté a las cuatro, traicionado por el cambio de horario, el cuerpo desorientado y las emociones de una maravillosa velada nocturna. Lo más a la mano para recuperar el sueño era el iPad. Encendí la luz de la lámpara más lejana a la cama y abrí correos electrónicos, luego Twitter y Facebook. No tenía casi nada por leer. Casi nada. En Facebook, de algún maldito meandro, emergieron tres o cuatro mensajes de 2013 y 2014 que no leí, porque no llegaron en su momento al buzón.

Mi sorpresa trocó en curiosidad y luego en franca indignación. Ahora creo que habría preferido no saberlo nunca.

Entre esos mensajes encontré uno de Julia Dusso, argentina que estuvo en la Universidad de Colima para realizar movilidad. Me informaba de su cuenta nueva de Facebook. ¡Ya lo sé! Dos años después.

En otro mensaje, un colega cuyo nombre omitiré, me invitaba a asistir a un curso que se impartía en su escuela, porque uno de los textos que servía de base era mío. ¡Maldita sea! Por supuesto, me habría encantado estar.

Y el tercero estaba escrito en Cancún. Eran los organizadores de un congreso nacional y me pedían una conferencia magistral. Hace 16 meses. ¿Qué les puedo decir? Lo que sentí es inapropiado para estas páginas. Lo que puedo contar es que habría sido una oportunidad estupenda, por el tema, los participantes y la deferencia. Lo del lugar es lo de menos; no me roban la tranquilidad esos “destinos”.

En fin. Al mal sabor de boca que todavía tengo por el sueño raquítico, sumo la rabia de haberme enterado dos y un años después de lo que debía saber y hoy solo deja amargura.

¡Maldito Feis!

Chihuahua

Abrazos necesarios

Además de las actividades académicas, del encuentro con ideas nuevas, posturas desconocidas, temáticas emergentes o ignoradas, otras formas de razonamiento, con polémicas inevitablemente acotadas por el tiempo, un congreso como este, el décimo tercero de investigación educativa, ofrece múltiples opciones para el disfrute, las relaciones sociales, el reencuentro con maestros o colegas, amigos.

Con franqueza, no sé qué es más importante. O tal vez sea erróneo ponerlos en disyuntiva, porque no compiten. Tan necesarios unos como otros.

En el punto de confluencia, ubico un ejemplo inmejorable: Alfredo Furlán, mi maestro y director de tesis doctoral, a quien conozco hace más de veinte años.

Alfredo, víctima prematura del Parkinson, es siempre un modelo intelectual y vital, o viceversa. Físicamente está disminuido, pero su lucidez crece y la actitud no escasea. Su conferencia magistral, leída por su colega y paisana cordobesa, Susana García, es testimonio.

Siempre me alegra verlo, ahora con su esposa al lado, cariñosa con él en esta jornada; amable y discreta anfitriona en casa.

Verlos, abrazarlos, reiterarles afecto y gratitud es uno de los momentos personales más emotivos de estas jornadas.

Chihuahua