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Día de los Inocentes

La matanza de los niños de Belén es uno de los pasajes más estremecedores en esa novela portentosa de José Saramago, El evangelio según Jesucristo. No es mi favorito, por la brutalidad del hecho, pero sí por la crudeza de sentimientos antagónicos, de la consecuencia fatal de momentos de flaqueza, por la debilidad de carácter o la falta de lucidez para tomar la decisión certera en el momento oportuno, pecado que cargará como viacrucis permanente José, el padre del niño Jesús, al escuchar casualmente la conversación sobre la orden del Rey Herodes I.

Ojalá durante los días 28 de diciembre todos los males fueran solo broma, jugueteos de adultos que en la fecha deciden acamparse en territorios de la infancia, cuando la risa es compañía cotidiana y el dolor se esfuma pronto. Lo sucedido afuera del estadio de las Chivas, en Guadalajara, o el atentado en Somalia, desechan toda teoría del mundocolorderosa por unas horas.

La violencia y la estupidez borraron la palabra “tregua” de su diccionario.

Pepe, una vida suprema

Anoche llegué a casa molido y con ganas de pasar la página. Aprovechando una recomendación elegí el documental de Emir Kusturica sobre Pepe Mújica, estrenado recién en Netflix.

Sobre una selección estupenda de tangos, conocemos o reconocemos la sabiduría que acumula el expresidente uruguayo y algunas de las personas que más cerca estuvieron y siguen. Sin estridencias ni pirotecnia, se conjugan el arte del cine y de la palabra.

Lo mejor de la noche: los últimos minutos los viví en compañía de Mariana Belén, quien se acercó, se sentó detrás de mí y dejo sus ocupaciones por unos minutos. No sé si lloró como yo con el final; pero ella tal vez sí, sensible como es, cuando me quité los lentes para limpiarme los ojos y sorber los mocos. Fueron lágrimas que mezclaron sentimientos por los santos inocentes y los eternos demonios.

Un año después

El 21 de diciembre de 2018, mientras limpiaba la antigua casa, preparando el espacio para revisar y corregir la probable reedición de un libro, tuve una extraña sensación. Me pregunté: ¿cuál es el balance de mi paso por el INEE? En ese momento tenía la certeza de que la iniciativa del presidente de la República lo desbarrancaría y había que imaginar un nuevo año con distintos proyectos.

Limpiando el polvo y ordenando libros revisé fugazmente lo hecho en tres años. Entonces, pensé que la tarea reclamaba tiempo. Decidí escribir un libro cuando se me apareció el título: Mi vida en el Instituto.

Sentí la urgencia de comenzar pronto a repasar esos años, al mismo tiempo estimulantes y traumáticos por el final. Empecé y en pocas semanas ya tenía un volumen respetable de páginas que rememoran y examinan, que recuerdan y dejan testimonios de gratitud, que hurgan en razones y desaciertos.

Pasó ya un año y en mi escritorio reposan las primeras pruebas editoriales; aguardan la llegada de las mañanas vacacionales. Antes de que cierre el año estarán listas para volver a la editorial y continuar el camino hacia la vida pública.

Cierre de presentaciones

Esta mañana, primer día de vacaciones en la Universidad, estuvimos en la preparatoria del Colegio Anáhuac para presentar nuestro libro Colima: avances y retos. Educación. Fue el cierre de una serie de siete presentaciones que arrancamos en noviembre, en el marco espléndido del Congreso Internacional organizado por el Instituto Superior de Educación Normal de Colima, y continuamos por otras instituciones educativas y públicas, como el ayuntamiento de Manzanillo y el pleno del Congreso del Estado.

Hoy, el Colegio dispuso el encuentro con profesores de secundaria y preparatoria, quienes escucharon atentos los comentarios de cuatro de sus colegas, Cristian, Ulises, Pastora y Norma, según aparecieron.

Para nosotros fue la inmejorable oportunidad de compartir un libro colectivo nacido de la intención de contribuir en Colima, desde el mirador de la educación, con una obra que se propone revisar con evidencias y rigor el presente y el futuro de la entidad, en algunos de los temas centrales de los sistemas educativos.

Cuando nació el proyecto, de la cabeza de Salvador Silva, me entusiasmo y emprendí la tarea con determinación, pero no imaginé que las repercusiones serían las que estamos alcanzando. Por supuesto, 40 días después de haber sido presentado, no ha cambiado nada ni hay una agenda pública, pero nosotros hemos decidido poner la mira en aristas sensibles y así seguiremos por un rato.

Por ahora, hacemos una pausa. ¡Ya veremos qué nos trae el nuevo año!

Ataques inauditos

Lo poco que sabía sobre ataques con ácido a mujeres era escalofriante, pero sucedía muy lejos de aquí. Lo lamentaba, pero bendecía vivir en otra esquina del planeta.

El caso de una joven saxofonista en Oaxaca, María Elena, me llevó a leer algunas notas y abrir los ojos a una realidad crudamente próxima.

Según leo, en distintos puntos del mapa nacional han ocurrido y aumentan.

Con la locura desatada en el clima de crispación que vivimos, me atemoriza que se instalen entre nosotros por la facilidad de cometerlos y la impunidad que nos asfixia, por la manera tan barata en que se cotiza dañar a otros, con motivos a veces superficiales.

María Elena fue agredida hace varios meses; dice la prensa que hay pruebas, acusado, y no ha pasado nada con la justicia, entre otras razones, porque no existe el delito como tal.

Como decía el clásico personaje de Héctor Suárez: ¿qué nos pasa? O un ciudadano medianamente indignado: ¿qué maldita sociedad estamos creando?

Mi curso de francés

Ayer presenté la tercera evaluación de mi curso de francés, nivel 1, en la Facultad de Lenguas Extranjeras. No sé el resultado, obvio, pero gané muchos aprendizajes.

La experiencia resultó gratificante por todos los ángulos. Cumplí un objetivo trazado a principios del año, cuando programé actividades generales; además, fue especial porque tuve como compañeros (de cursos y niveles distintos) a mis hijos, así que hicimos de los sábados un paseo por el campus.

La expectativa se cumplió por lo que toca al curso. Néstor, el joven profesor, fue un estupendo conductor, amable, comprensivo y ágil; los compañeros, discretos y respetuosos siempre, quizá inhibidos por la presencia de un adulto, el único del curso. Esa situación tan contrastante fue una de las circunstancias que estuvo a punto de hacerme abortar el proyecto, pues las dos primeras clases me resultaron un ejercicio tortuoso de acoplamiento a muchachos incluso más jóvenes que los estudiantes con que trabajo en Pedagogía. Probablemente de no haber estado mis hijos habría decidido buscar otro momento, pero aguanté. No sé cuánto pude haber influido en la dinámica y el comportamiento grupal, por las diferencias cronológicas, pero siempre estuve atrás.

El siguiente semestre, salvo razón extraordinaria, volveré a inscribirme. Espero encontrar más tiempo para dedicarme y obtener una preparación mejor que ahora. ¡Desde ya, es propósito!