Blog

El chasquido de Trump

El entonces candidato presidencial de Morena, AMLO, había dicho que pondría a Donald Trump en su lugar. Cumplió su promesa y amenaza. El presidente de los Estados Unidos es un negociador virulento y con sus chasquidos, en forma de tuits, va colocando la soga donde se asfixia el margen de negociación de los gobernantes de la cuarta transformación.

Trump, con mucha mano izquierda y un poquito de derecha, chasquea sus dedos y en pocos días nos arrodilla. Lo peor no es que ocurrió una vez, es que es apenas el principio. Peor, también, es que se celebre tomar solo un poquito de cicuta, sonrientes, hasta que el agente naranja diga lo contrario.

El placer de leer a los estudiantes

Quiero evitar generalizaciones abusivas o bondadosas. No sé si otros profesores experimentan placer cuando leen los trabajos de sus estudiantes. Yo puedo afirmarlo ahora.

Explico. Encargué a los estudiantes de pedagogía, desde la primera semana del semestre escolar, realizar una experiencia colectiva, familiar, que llamé: La universidad en casa. Se describe breve y simple, creo: que los alumnos tomen por asalto la sala de su casa o el comedor, para compartir con sus papás o hermanos, principalmente, un tema de los que solemos abordar en las aulas universitarias, a partir de una noticia, un libro, una lectura, un tema, un video. Luego, hecha la actividad, la escriban e, idealmente, lean lo escrito frente a la clase.

El experimento resultó fantástico. Los resultados estuvieron por encima de lo esperado gracias al compromiso mostrado por los muchachos y la acogida familiar a la iniciativa. Algunos de los testimonios los fui escuchando en palabras y rostros emocionados, cuando desgranaban las anécdotas y luego recibían los generosos comentarios de sus compañeros.

La escucha de los reportes, sobre todo sus expresiones emocionadas me produjeron sensaciones gratísimas.

En días pasados leí los 25 reportes casi sin parar, rutina que en otro tipo de tareas es poco menos que imposible, pues obliga a tomarme respiros y dedicarme a otras. Esta vez no, pasé de uno a otro, conocí un poco de la intimidad de sus familias, de sus ambientes, de las emociones y, en muchos casos, las inéditas sensaciones despertadas.

No sé para ellos, para mí, las narraciones personales y la suma me produjeron aprendizajes valiosos, casi tanto como si hubiera participado en cada situación.

La dignidad de Arcelia

Leo con alegre optimismo que Arcelia Martínez Bordón renunció a su candidatura al Consejo Técnico del organismo que sustituirá al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). El gesto coherente la enaltece y debilita aún más la solvencia del proceso de selección realizado por un Senado autista ante los reclamos sociales, académicos y las evidentes irregularidades.

En su carta, Arcelia argumenta no encontrar “condiciones idóneas” y que “falta claridad en el proceso de selección de los finalistas”, lo cual merma la fortaleza de un organismo urgido de “absoluta transparencia” y “legitimidad”, para la alta misión encomendada por la reforma constitucional del artículo tercero.

Conocí a Arcelia Martínez Bordón durante nuestro paso por el INEE. No conviví gran cosa, ni trabajamos juntos, pero su claridad y trato me inspiraban confianza en su calidad intelectual y profesional, aunado a una sencillez que miraba a las direcciones del INEE en los estados con respeto y lejos de petulancias.

A esas virtudes, de enorme valor humano, agrego esta pincelada de su coherencia, un gesto de lucidez, o tal vez de locura, cuando lo normal es el endiosamiento de la ilegalidad. No en vano Paulo Freire decía: para educar, hay que estar locamente sanos, o sanamente locos.

Aplaudo y celebro la dignidad de Arcelia.

¿Nacido para perder?

Leo con mezcla de sentimientos las circunstancias en que transcurre la elección de los responsables del organismo que sustituirá al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

La indignación y preocupación que advierto en Twitter reafirma mi hipótesis inicial, que Esteban Moctezuma avaló en su visita al ex INEE el 17 de mayo: un organismo a modo, capaz de cuadrar los datos cuando sea preciso. No abundo. Quisiera estar rotundamente equivocado.

El anuncio de las listas de los aspirantes a la Junta Directiva y al Consejo Técnico me sorprendió, no por el anuncio, claro, sino por los nombres. Esperaba una relación que desmontara aquella hipótesis. No conozco a la gran mayoría, a los que sí, tampoco me inspiran entusiasmo.

La segunda decepción personal vino con el conocimiento del centenar de candidatos que no fueron admitidos a los concursos, luego, el descubrimiento de irregularidades y trampas de algunos aceptados. Es inaudito. ¿Quién hizo las listas difundidas? ¿Con qué criterios?

La negativa a reponer el proceso de selección, sin argumentos ni transparencia, es la peor señal que podría enviar el Senado, empeñado, parece, en anidar desconfianzas que terminarán por deslegitimar a los eventuales elegidos y, sobre todo, el organismo.

Discutía con un colega acerca de las razones de la trampa y la desinformación del caso. Él, desde el terreno de la comunicación; yo, de la educación, cada quien con sus énfasis, pero coincidíamos en un punto del intercambio: la irrelevancia de la educación para quienes tienen en sus manos, en alguna medida, el rumbo del país y el diseño del futuro sistema educativo.

Triste panorama.

Escuelas de Colima

Hoy volví a la carretera en busca de historias para contar en mi proyecto “Las escuelas de Colima”. Es la cuarta escuela primaria pública que visito; el pueblo, El Remate, en Comala. No conocía y suponía que estaba más cerca. Calculé mal y llegué varios minutos tarde.

Después de una pausa involuntaria de algunas semanas, disfruté casi todo el camino. La ruta a Comala fue rutinaria; conozco cada curva y recta. De Comala a La Caja son 6 kilómetros, según los carteles, y me distraje pensando en la presentación del proyecto a la directora. En ese pueblo paré en el primer sitio donde vi gente, una tienda de abarrotes. Me indicaron que siguiera dos calles y doblara a la izquierda. Otros 6 kilómetros de un paisaje montañoso espectacular, que lo será más en las próximas lluvias, con los verdes de la arboleda. No soy afecto al volante, ni a concentrarme en las líneas blancas de la carretera. Disfruté la vista y solo por eso habría valido la pena estar sentado en el auto.

La primera impresión de la escuela Vicente Guerrero, con su única maestra, Bety Romero, fue gratificante, otro premio en mi búsqueda. Descubrí por qué varias personas tienen una opinión parecida. No es este el espacio para contarlo.

Reconfirmé: en todas las escuelas suceden cosas extraordinarias. Mi misión ahora es encontrarlas y, algún día, narrarlas de la mejor forma posible.