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¡Muchos días de estos!

Una decena de meses de trabajo, más o menos, dediqué al proyecto que tenía como título en mi computadora EDUCACIÓN EN COLIMA Libro. Ahí guardé y conservó los primeros apuntes que intercambié con Salvador Silva, los borradores iniciales, las versiones que corregí, los documentos regresados por los autores, hasta las varias pruebas que hicimos con la editorial para consumar el proyecto y darle el visto bueno a la impresión.

La tarea resultó extenuante en algunos momentos, sin pausas entre martes o domingos, puentes o vacaciones. Fue una obra colectiva en muchos sentidos, con los autores en algunas etapas y con Salvador Chava Silva en todo momento. Nuestros teléfonos, whatsapps y correos son testigos del intercambio.

El proyecto valía la pena y tenerlo claro ayudó a aguantar los momentos aciagos: retrasos de los autores, dilación personal en la devolución de borradores, dudas sobre detalles editoriales, la mejor portada, la espera eterna para tener el libro en las manos, entre otras cuestiones que hoy solo provocan autocompasión.

Todo eso quedó ya guardado. Hoy presentamos el libro en el marco espléndido del Congreso Internacional organizado por el Instituto Superior de Educación Normal de Colima, en el mejor escenario que podíamos tener para compartir a la comunidad educativa, sobre todo colimense, nuestro trabajo colectivo.

El libro Colima: avances y retos. Educación empezó a moverse, ya está en las manos de otras personas, ante los ojos de los interesados. Ojalá, para cada uno, haya valido la pena estar con nosotros en el Salón Firenze y los pesos que pagaron. Ojalá.

Cero en la escuela, diez en la vida. ¿O cómo era?

Anoche tuve un sueño, o una pesadilla. No lo sé de cierto. Se los cuento enseguida, como si fuera real, porque del tema he conversado con varias colegas y compañeros; en conclusión, compartimos inquietudes e indignaciones, por eso creo que vale la pena.

Juan Carlos me mostró su examen de Informática, cuarto grado. Su calificación no es para presumir, por su inteligencia y talento en distintas áreas, dicho eso lejos del papá consentidor. La calificación me fastidió, lo confieso. Luego vi el examen y reduje mi malestar, o cambié de destinatario.

Es una clase de Informática, cuarto grado, voy a repetirlo para que quede claro. Una porción del examen es lo mismo que estudió desde preescolar; sí, desde preescolar. En el examen de cuarto grado de primaria estudian las partes de la computadora, o sea, CPU, ratón, bocinas, monitor, tipos de computadora, las teclas y sus funciones, entre otras cuestiones muy trascendentes.

La primera pregunta que me asalta es por el tipo de examen: ¿por qué no un examen práctico? Una demostración; por ejemplo, que les pidan encender la computadora, abrir un programa y realizar una actividad inteligente, darles un tiempo y evaluar lo hecho. ¿Es muy complicado?

En otros momentos he visto esta clase de exámenes que ahora tengo en las manos, hechos (malhechos, a veces), en donde no queda claro si miden conocimientos o agudeza visual, por la pésima impresión de la prueba, cuando más niños van a la escuela con lentes. ¡Exámenes reprobados que con la mano en la cintura juzgan sin pudor a los estudiantes!

La calificación, que ya me resulta indiferente a estas alturas del partido, queda en tercer plano. El fin de semana largo, mientras yo trabajaba y Juan Carlos estaba concentrado, ese niño al que le da lo mismo si una tecla va para adelante o para atrás, me llamó emocionado: ¡mira papá, estoy haciendo una animación! Me distraje de la pantalla y miré la tableta: planeaba 35 diapositivas con animaciones para darle vida a un “monito” que se estrellaría contra una pared, simulando un movimiento en cada una. Ya llevaba diez u once. ¡Claro: estudiar teclas, monitores, cepeús o teclas numéricas debe ser aburrido!

Pues eso, un niño que está imaginándose cómo crear una animación merece un ocho, por no diferenciar si la tecla “Supr” sirve para esto o para maldita cosa, cuando, con esa denominación, no existe ya la tecla en un teléfono o tableta.

¡Con nueva o vieja escuela la cosa sigue siendo igual para muchos! De lo que se trata [espero que no lo aprenda] es de obedecer y responder fielmente lo que exige un examen del siglo 20 en el siglo 21, con profesores en el limbo.

¿Reclamo diez de calificación? No. Nada más una enseñanza actualizada, que les haga dar unos pasitos para adelante, que les enseñe a usar de otra forma la computadora o las tabletas; no menos, solo un poco más. ¡Y si no se puede, que no los regresen al siglo viejo, por favor!

Colima y las muertes jóvenes

Leo en la cuenta de Twitter de Estación Pacífico una nota sobre las muertes de la población joven en México, basada en un informe de México Evalúa que, a su vez, retoma información de INEGI.

El título es contundente: “Colima, de los estados con más jóvenes asesinados en 2018: México Evalúa”. Los datos lo son también. En el país, más de 13 mil muertes jóvenes ocurrieron el año anterior, nueve de cada diez fueron hombres. Dos terceras partes de los asesinados solo habían cursado escuela primaria o secundaria, aunque uno de cada cinco tenía estudios universitarios.

No es el tipo de notas, ni su contenido, que celebran los gobiernos o ciudadanos, pero darle la vuelta a la página o un clic para cambiar a las noticias festivas del inicio de la Feria de Colima no es la solución.

Hay dos opciones principales: buscar pretextos o ahondar en las causas y tomar decisiones.

Recortes de la semana

La semana fue intensa. En algunos momentos solo el café a todas horas ayudó a mantener alguna lucidez. La atención [y tensión] se centró en las pruebas finales del nuevo libro colectivo y la decisión sobre la portada; inquietaba también que el ISBN se otorgara y no complicara la impresión. Para esta noche esos asuntos ya se resolvieron.

Viene otra etapa: las presentaciones y entrevistas para difundirlo. Mañana temprano, primer día del fin de semana largo, tendremos la primera. La siguiente tal vez nos exija varias horas.

Alejado de esta página omití contar la experiencia del examen de titulación de Sonia Vargas y Juan Jesús Vega. Fue el miércoles por la mañana. Trabajamos la tesis durante tres semestres de forma singular, primero, porque Juan estaba de movilidad estudiantil en España, mientras Sonia y Cristian realizaban su servicio social en el INEE. Allí nacieron las primeras reuniones. Después de estos meses y algunas vicisitudes, llegamos al examen. La tesis es decorosa, pero la calidad de su presentación y la manera como respondieron a los cuestionamientos de los sinodales fue realmente notable. La mención honorífica fue ganada a pulso.

El artículo que envié a España para El Diario de la Educación me dejó muy satisfecho. A riesgo de fatuidad, me gustó. Se publicará la siguiente semana.

Vienen cuatro días de asueto, pero el martes, al regreso de labores, debo entregar el primer capítulo de otro libro colectivo que coordino. Tengo pocas horas de reposo, aunque me gustaría dormir hoy y despertar pasado mañana.

La curiosidad y el aprendizaje

Hoy salió más temprano de las clases, así que nos fuimos solos de la escuela. Estaba contento, además, porque mañana es asueto; más que contento: por varios metros cantó en la calle “mañana no hay clases, mañana no hay clases…” con alguna tonadilla familiar que no pude reconocer. A punto de subir al auto le pregunté:

-¿Quieres escuchar música?

-Sí.

-¿Qué te pongo?

-Beattles, contestó de inmediato.

-¿Cuál quieres?

Come together; martilló sin pensarlo.

-Va.

Elegí la canción en Youtube, con video, y encendí el motor. Le pregunté las cosas de rutina:

-¿Tienes tarea?

-Sí, dos, de historia e inglés.

-¿Y cómo fue el día?…

Pasó la interrogación del padre y vino la suya:

-¿Sabes por qué Paul aparece descalzo en el video?

Me sorprendió. Ni siquiera me había percatado que Paul McCartney iba descalzo en los dibujos animados. No, respondí con los ojos descontrolados. Me explicó claro y puntual:

-Es que cuando… por eso, como tributo a la foto cuando cruzan Abbey Road…

¡Me deslumbró! Ignoro la verosimilitud, e importa poco.

-¿Y cómo lo sabes? Por supuesto, tenía que preguntarle.

-Ah, es que me puse a investigarlo. Cuando vi la imagen me llamó la atención que caminara descalzo, busqué y encontré.

Así de fácil. Esa es la fórmula más cercana al aprendizaje: interés+curiosidad+pasión por el tema. Sin esfuerzos inocuos, sin tareas.