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Vacaciones 2

Por primera vez, desde que laboro en la Universidad de Colima, el verano será más placenteramente largo: ¡tres semanas de vacaciones! Durante un tiempo me aterraba que llegaran las vacaciones. Mi vida giraba alrededor de la Universidad y no sabía qué hacer durante los días que tenía por delante. La cosa, por suerte, mejoró; no estoy curado, pero avanzo. Ahora sé.

Ayer, cuando hice mi agenda en una pequeña hoja manuscrita, me asustó ver los compromisos, por número y magnitud, pero luego di vuelta a la hoja y comencé a cumplirlos. Es domingo, atardece, y hace rato que cerré la oficina en casa.

Mañana volveré a las tareas; nada me obliga, excepto convicciones y compromisos asumidos voluntariamente. Esa es la diferencia. Parece nada, pero es casi todo.

¡Vacaciones!

Ayer fue el último día de labores en la Universidad. Hoy cambió la rutina. Se desactivó el despertador y el tiempo vital marcará el ritmo de las próximas semanas, no el reloj. El cambio es sutil, pero radical. No todo es libertad, ni dejar hacer o pasar. Los compromisos no tienen vacaciones. Un libro debe ser entregado en su primera versión en 48 horas; dos conferencias en San Luis Potosí no se prepararán solas, y los proyectos de escritura e investigación no pueden conservarse en el refrigerador.

Por un tiempo la cabeza estará libre de esas pequeñas ataduras que ciñen a un horario, a unos compromisos, a la burocracia, a unas clases.En otros tiempos estos días eran esperados con júbilo y un puñado de libros; ahora el júbilo aumenta, aunque las lecturas no serán lo central, sino divertimento.

Hay algo más: las vacaciones son una bendición, la recompensa al esfuerzo. Hoy son un premio que recibo con discreta alegría.

Ineptocracia: retrato del presente

Rubén Carrillo, cazador infatigable de autores y lecturas, me envía una imagen. No resisto la idea de compartirla y dejarla asentada en mi Diario. El fondo es negro, en el centro, arriba, una foto del hombre con su mano en la barbilla. Abajo, el texto: Impecable descripción del filósofo y escritor francés Jean d’Ormesson de la palabra que ha inventado, y que describe literalmente la “democracia” actual.

Luego, la definición magistral: “La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas”.

No tengo el contexto, pero no será México el motivo de su aporte al diccionario político del siglo 21. Creo.

Sería muy simpática, sin duda, si fuera el guion de una película satírica, o si no tuviera visos de acercarse lenta e inexorablemente al horizonte.

Tarde oscura

Mediodía sombrío. Alejandra, colaboradora en la Dirección del Instituto en Colima nos transmitió un mensaje fúnebre procedente de Tabasco: murió Martha Ruth, quien fungió como directora del Instituto en aquella entidad. Justo unas horas después de las maniobras en el Senado para imponer a los integrantes de la Junta de Gobierno y el Consejo Técnico. ¡Un golpe anímico sobre otro!

Con Martha Ruth no forjé amistad cercana. Nunca tomamos un café ni compartimos la hora de los alimentos en las muchas horas que pasamos juntos en las reuniones de directores. Siempre, sin embargo, me causaba admiración verla ingresar a nuestras sesiones, con dificultades inocultables para trasladarse, el ánimo siempre en alto y la energía rebelde contra lo que consideraba injusto.

Es una pérdida dolorosa, una tristeza que inunda las emociones desde la respetuosa relación que sostuvimos. En casa observo esta noche una bolsa de viaje que me regaló en navidad, con un simpático changuito que de inmediato cautivó a mi hijo y se la apropió. Pensaré en ella y esperaré que descanse para siempre en paz.

 

Noche negra

La larga noche culminó como había arrancado el proceso de elección del Consejo Técnico y la Junta Directiva del organismo que sustituirá al INEE: improvisada, apresurada, opaca; para usar adjetivos suaves. Mi expectativa era cautelosa, más tirando al pesimismo. La reposición del proceso luego de los serios cuestionamientos por las irregularidades expuestas no despejó dudas ni limpió la basura.

Para la segunda ronda, el trabajo desde la Comisión de Educación del Senado generó nuevas interrogantes en la conformación de las listas de aspirantes. La cosa se tornó oscura.

La mayoría en el Senado quiso imponer una votación en paquete (cédula, le llaman), cuando los opositores solicitaban votación individual. La deliberación concluyó con la aprobación de las listas palomeadas. Tan montada estaba la trama, que en la madrugada los 12 nuevos miembros de ambas instancias rindieron protesta.

Cerró así el proceso, justo como empezó. El horizonte no parece promisorio para la educación. Espero, fervientemente, estar equivocado.