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Nuevas páginas

En estas semanas de cuarentena he planeado mis actividades laborales con disciplina y flexibilidad. La primera, de tres días, fue productiva; la segundo, más que satisfactoria. Esta la dediqué a la lectura de un voluminoso libro sobre la historia y el presente de la universidad en el mundo, como parte de la preparación del capitulo para un libro que tenemos planeado este año. Casi todos los capítulos tienen una versión inicial y preparan otra; lo mismo sucede con el mío.

El avance de la lectura fue lento. En un cuaderno especial tomo notas con parsimonia, con la mejor letra que puedo y una pluma fuente de tinta negra, punto fino. Aprendo cuando leo, reaprendo cuando escribo. Luego, me detengo, reflexiono, trato de hilar con mis propósitos y continúo la lectura.

Son 400 páginas que estoy a punto de terminar. Muchos aprendizajes. Muchas preguntas. Algunas ideas que enriquecerán las páginas del ensayo.

Hoy reuní las notas manuscritas en unas pequeñas hojas blancas y empecé a escribir un texto destinado a las reflexiones finales del capítulo. Escribí y solo me detuvo la satisfacción de haber logrado lo inimaginable al comenzar la jornada. Así cerré la actividad. La tarde es linda; es viernes. El cuerpo lo sabe; el corazón palpita. Estamos de fiesta.

Nuevos espacios de opinión

Este lunes recibí una invitación de la cadena radiofónica ZER en Colima para sumarme con una opinión quincenal grabada de dos minutos o poco más. El tema es la educación, por supuesto. Acepté. Empezaré la siguiente semana, el martes, para ser preciso.

La experiencia no es nueva. Hace algunos años participé también con 50 opiniones para Radio Levy; entre 2011 y comienzos de 2013. Suspendí esa aventura para tomar un respiro y estacionarme en el Cono Sur.

Las circunstancias son distintas, pero mi entusiasmo por compartir y seguir labrando en el terreno educativo se mantienen intactas.Me encanta el nuevo desafío: una opinión coherente, sintética, interesante, que apele también a algunas emociones, que invoque la reflexión sobre el campo donde me muevo.

La primera opinión ya está lista. El tema serán las tareas escolares. Pronto nos escucharemos.

Vida cotidiana en cuarentena

Tercera semana de trabajo en casa. Decidí que esta la dedicaría a la lectura para recoger ideas, procesar información y encontrar elementos que me ayuden a la escritura de un capítulo sobre la universidad. El libro es conmemorativo por los 35 años de la Facultad de Pedagogía en la Universidad de Colima, pero juzgué que podría ser interesante (y desafiante) escribir sobre nuestra facultad en la coyuntura que atraviesa la Universidad.

El libro que elegí, de 400 páginas, es una historia de la universidad bellamente acompañada de imágenes, que recorre prácticamente la historia de la civilización no solo occidental. He llegado en estas horas al siglo XXI y el viernes espero haberlo concluido.

La lectura por ocio la dividí entre la obra poética de Jorge Luis Borges y la espectacular biografía de Leonardo da Vinci, de Walter Isaacson.

Semana de lecturas, semana bendita, si no estuviéramos viviendo los días más tristes en el mundo.

Dibujitos y letras con Juan Carlos

En una señal inequívoca de su crecimiento y autonomía cada vez desconozco más los gustos de Juan Carlos. Lo confieso con asombro genuino.

Cuando son pequeños los hijos uno puede conocer con cierta facilidad por qué le gustan tales o cuales personajes, aquellas canciones o películas, pero luego, cuando van creciendo y adquiriendo habilidades insospechadas, su abanico se abre de forma esplendorosa y uno queda reducido a testigo a veces perplejo.

Eso, más o menos, me suelo pasar con Juan Carlos. Nunca supe cómo llegó a los Beatles. Llegar en serio, al grado de conocer su historia, su biografía, cómo grabó aquella canción, por qué Lennon aparece descalzo en tal video, y claro, en el auto, cantar las canciones favoritas que, en su caso, son muchas.

A los diez años, su conocimiento musical y aficiones me maravillan: Lennon y los Beatles o Bob Marley, por ejemplo; quizá en un lazo solidario, también canta a Joaquín Sabina y es fan del Titanic. En fin.

Hoy eligió para su Diario de dibujos y letras a John Lennon. Mis palabras salen sobrando; les dejo su parte.

Ampliación de la cuarentena: ¿oportunidad perdida?

Si una parte de nosotros ansiaba que en abril regresáramos a la normalidad; la otra parte, más informada y dura, decía que era imposible. Se concretó hoy. El secretario de Educación Pública, replicando las medidas anunciadas en la conferencia vespertina del gobierno federal, avisó que la suspensión escolar se prolongará hasta el 30 de abril. Entonces, se valorarán las medidas y tomarán nuevas decisiones.

En un mes la situación podría ser caótica y dolorosa. Las infecciones habrán explotado y los muertos estarán sembrados a lo largo del país. No es un deseo, ni cercano, pero así sucederá. Ante lo inevitable es mal consejo cerrar los ojos.

Como ya saben todos, las escuelas prolongarán diez días el regreso. Las primeras semanas, las que corren, han dejado enseñanzas de lo posible y de lo reprobable, de lo bueno y lo no repetible. Pero hay tiempo, creo, para que el sistema educativo en sus distintos niveles aprenda y no perdamos el ciclo escolar con tareas repetitivas e intrascendentes, fastidiando a los estudiantes con actividades planeadas al vapor, sin probarse, sin acompañamiento efectivo y sin la atención debida en casa, porque en casa la vida no se volvió más relajada y sí complicada.

Me temo que ahora la preocupación pedagógica se dividió en dos prioridades que parecen la misma: una, cumplir el calendario y los programas oficiales; para algunas escuelas, dejar tareas y tareas para agotar los temas; la segunda, consiste en procurar una experiencia distinta, inédita, para aprender en un escenario que nadie imaginaba y para el que no estábamos preparados.

Es la vieja disputa entre cronos y kairós, entre el tiempo del reloj y el tiempo vital del aprendizaje. Si fuera un partido de fútbol, los que juegan por el kairós pierden por goleada en el final del primer tiempo.

Se podría recuperar el programa burocráticamente, aunque se aprenda poco, o bien, los niños podrían aprender que, en algunos momentos, hay que hacer tareas y actividades porque es la obligación y nada más. ¿Podremos hacerlo distinto?