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¿Lista de útiles escolares para maestras?

De manera fortuita, esta mañana leí una lista de útiles escolares del sexto grado de primaria. Me resultó grata la preocupación de quien la redactó: una buena maestra. La claridad, precisión y el mensaje que manda a la familia me llevó a reflexionar en el valor de un documento que de otra forma sería inocuo. Ahora no; quizá antes tampoco, pero hoy tiene un valor adicional: en momentos aciagos cada mensaje de la escuela y sus maestros es un puente o un muro, porque acerca o separa. Podría extenderme, pero creo que la insinuación de su valía es suficiente y se demostró con la contingencia pedagógica: la familia es aliado imprescindible para la escuela y sus maestros. Siempre.

La duda que me vino a la cabeza es por la otra lista de útiles escolares. Aunque prima la incertidumbre, varios indicios en otros países revelan que la “nueva normalidad” impedirá que, por un tiempo, todos los niños asistan todos los días a la escuela, y que las medidas de seguridad sanitaria obligarán a seguir laborando parcialmente en línea o por vías no presenciales.

Si fuera así, sería deseable que los gobiernos (y particulares) incluyeran en sus presupuestos los apoyos que tendrían ofrecer a las maestras y maestros. ¿Qué incluiría la lista de útiles para docentes? Un pizarrón blanco (o de otro color) de tamaño adecuado, un paquete de plumones, materiales didácticos, papelería, una tarjeta para recargar internet o bonificar el pago hecho por los maestros en casa, apoyos para pago de luz eléctrica, entre otros. La lista podría tener más elementos que son indispensables para las maestras; ya le sumarán ellas. En casos extremos, tendrían que valorarse también otro tipo de apoyos con regulaciones transparentes: para comprar o renovar equipos de teléfono o cómputo y accesorios, como herramientas para el trabajo docente.

¿Habrá lista de útiles escolares para docentes? ¿Solo estoy divagando por el calor del mediodía? ¿Qué dicen los sindicatos?

Sé que vivimos tiempos de austeridad, pero ya debió quedarnos claro que la ignorancia es más cara.

Pandemia de virus y violencia

Si la pandemia amenaza con alcanzar su pico máximo en las próximas semanas (un eufemismo que sería de risa, si las consecuencias no fueran mortales), la inseguridad en Colima está en un punto rojo encendido.

Al homicidio de una diputada local y siete polícias estatales, se suman hoy los de un juez federal y su esposa en la casa que habitaban, más los que engrosan todos los días la contabilidad funesta.

Aunque la violencia homicida y la inseguridad se escondieron tras las cortinas del coronavirus, no desaparecieron nunca de Colima y con frecuencia terrorífica nos sacuden y recuerdan que vivimos en una zona que olvidó hace tiempo la paz.

Casi todos los días leo al presidente municipal de Colima y su director de seguridad pública lanzar tuits festivos de sus “logros”, pero los homicidios violentos no dejan de empañar la vida cotidiana de la capital. Los otros órdenes de gobierno son caricaturas en la materia, también.

¿Hasta cuándo? ¿Cuánto más debemos soportar?

La insensatez de los sensatos

Cuando es inevitable la salida del refugio elijo ruta, hora y un libro pequeño para la espera; sé que puede ser larga. Intento ser puntual y preciso como ladrón de museos, evitar conocidos y obstáculos. Así fue este día. Llegué a la sucursal de Santander cuando creí que era el mejor momento. Estacioné el auto y bajé con mi cubreboca. La fila era corta para ingresar a ventanillas, pero lenta o lentísima, ya lo sabemos quienes vivimos aquí  los últimos tres meses. Entré como burro (decían en mi pueblo cuando no saludas) directo al cajero automático. Nadie esperaba ni estaba en operaciones. Una conversación a tres metros me distrajo, a las puertas del banco. Dos hombres maduros conversaban, que en este contexto quiere decir: despotricaban contra las políticas de seguridad que impiden el paso a más de un número determinado de clientes, lo que pondría en riesgo a los apretujados cuentahabientes y a los empleados del banco, en quienes parece que nadie piensa. Los dialogantes se preguntaban y reafirmaban sus malestares. Indiferente escuchaba porque ellos hablaban para todos, hasta que uno pidió al otro una explicación al tercero, o sea, al banco: ¡quisiera que me dieran una explicación sensata de por qué no podemos entrar todos, si ya abrieron los bares! Algo semejante vociferó. Pero nadie me explica, remató victorioso. La sensatez del insensato me sorprendió: ¿en qué planeta vives, idiota? Le dije. Bueno, no le dije, solo lo pensé. Tenía lo mío en la mano y amparado en la media mascara negra sonreí mirándolos sin piedad, mientras salía al sol inclemente.

Nunca es tarde, ¿o sí?

Llegué tarde a la literatura del escritor chileno Roberto Bolaño, muerto muy joven. Durante varios años vi sus libros en las librerías que recorrí pero nunca tuve la curiosidad siquiera de levantar un ejemplar para leer la contraportada. Me pasa poco, pero nunca me sedujeron los títulos, ni el autor, ni siquiera las portadas. Solo recuerdo que cuando aparecían, los recorría con la vista y esquivaba de inmediato.

Llegué a sus libros a través de su palabra hablada. Una noche, buscando qué ver en Youtube, me apareció una entrevista que le hicieron para la televisión chilena. El título del magnífico programa sí que me atrapó: La belleza de pensar, conducido por Cristian Warnken. Por curiosidad lo abrí y no paré hasta verlo completo; luego otros programas y otros entrevistados estupendos.

Así llegué, escuchando a Roberto Bolaño y estimulado para abrir sus libros. Elegí “Los detectives salvajes”, y luego de muchos días, leyendo en las noches o al despertar, terminé esta mañana las más de 1000 página de la versión electrónica que conseguí, complácido y con ganas de tomar otro libro, para disfrutarlo cuando la jornada laboral se agote.

¡Bienvenido el fútbol!

Sin buscarlo, a la hora de la comida, encontré en la tele el partido del regreso de la liga española de fútbol. ¡Y qué partido! Claro, en otras circunstancias. Jugaron Sevilla y Betis, el clásico de la capital andaluza. Lo vi con gusto, no todo, porque había otros compromisos, pero con júbilo inusitado.

Me alegra muchísimo la vuelta del fútbol a ese país, sobre todo, porque reconfirma la remontada a la época negrísima que les sacudió en las semanas pasadas, convulsionados entre las disputas políticas y los actos heroícos de sus médicos y enfermeras, de todo su personal sanitario.

Más allá de que volveré a disfrutar los partidos del Barça y Messi, celebro la reanudación del asunto más importante entre los menos esenciales.

¡Bienvenidos el fútbol, los goles y la indispensable alegría de cada fin de semana!