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Despertar abrupto

Desperté a las 4:15 de la mañana, intempestivamente, asustado por el movimiento. No sabía si temblaba o era un mal sueño en estas noches pandémicas que a veces se convierten en pesadillas. Con el corazón acelerado me paré a observar y en previsión de que siguiera temblando. No pude dormir más.

Al susto del despertar abrupto lo compensó la noticia de la nonagenaria que recibió la primera vacuna en Reino Unido. Algunos titulares hablaban de la primera mujer en el mundo. Ahí me confundí. Creía que habían sido los rusos los primeros en recibir la vacuna el fin de semana. Otros portales y medios precisaban: primera persona en Reino Unido. Por cierto, el segundo británico, de 81 años, se llama William Shakespeare. Leí hace un instante. Dejé el tema.

En el baño pensaba en las contrastantes realidades que vivimos: la pesadilla de COVID-19 que cambió nuestro mundo y la posibilidad de ser testigos, en tiempo real, de lo que sucede en cualquier parte del mundo, de lo bueno y de lo feo.

¡Y lo que nos falta!

Lecciones y reflexiones

Abrí la portada azul en la pantalla y quedé absorto. Me gustó la sobriedad del diseño, el tono, la tipografía. Como atrapado, a un metro del espacio donde nació, me hundí en un tobogán de recuerdos, desde el origen del libro en el diciembre de hace dos años, el tiempo transcurrido en el INEE y las vicisitudes para su publicación.

En el viaje me revolcaron emociones contradictorias. Buenos y negros momentos. Alegrías y dolores. Como la vida.

Dos años después de aquel rayo que me azuzó habrá nacido Lecciones y reflexiones, que casi todo este tiempo se llamó Mi vida en el Instituto.

Sobran motivos para la alegría, aunque el tema sea en parte desagradable por el desenlace.

Sobran motivos, aunque afuera abunden los pesares.

Ecos de mis palabras y voz

El 2020 fue un año de mayor intensidad en mis colaboraciones periodísticas para diversos medios. Cada uno, cada semana o cuando corresponde, fueron un desafío para dejar alguna idea o pregunta bullendo en la cabeza de los lectores o escuchas.

Para cada medio y para su personal tengo gratitud doble: porque me reciben y me obligan a tratar de superarme.

En España, desde hace algunos años, encontré un editor estupendo, siempre trabajando al máximo. Pablo Gutiérrez me invitó primero al periódico Escuela y hoy me acoge en las páginas de El Diario de la Educación, con una opinión desde y sobre América Latina. Las colaboraciones que envío cada tres semanas no se publican en México y con ellas espero, pronto, formar un libro recopilatorio de los mejores textos, más otros inéditos allá y acá.

En Colima mi columna semanal, Diario de Educación (guiño al portal español), se publica en Afmedios, gracias a la invitación de un buen amigo y periodista, Essaú López. En El Comentario, mi gratitud al director, Pepe Ferruzca, y a su personal, compañeros en la Universidad de Colima. Gracias también a Luis Fernando Castillo, capitán de El Centinela.

Periódicamente remito colaboraciones al portal de periodismo Educación Futura, a quienes agradezco en la persona de su director, Erick Juárez.

Este año volví también a la radio. Primero, con la invitación que me hizo Luis Fernando Castillo para participar cada quincena en Radio Recuerdo, donde cumplí 18 colaboraciones con las que cerramos por ahora.

Con la llegada a Colima de El Heraldo Radio, Martha de la Torre, su jefa en el estado, me invitó a colaborar semanalmente y hoy sumo 12 cápsulas. Gracias también a la conductora del espacio informativo, Heidi Vizcaíno.

La doctora Arcelia Martínez Bordón, del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación, de la Universidad Iberoamericana, acogió un artículo mío en su blog, Faro Educativo, mismo espacio donde hoy se están publicando los capítulos de nuestro libro Cuando enseñamos y aprendimos en casa. La pandemia en las escuelas de Colima, por lo que me declaro deudor permanente.

Gracias a cada uno de los medios y personas por abrirme espacios para compartir mis palabras y mi voz.

Un abrazo, los mejores deseos y que nos encontremos de nuevo en 2021 con salud y la misma alegría.

 

 

 

 

¡Gracias, mil gracias!

Hace algunas semanas, dolido por escribir algunas elegías para amigos queridos, me prometí no volver más al género.

Hoy empezó diciembre y es el mejor momento para recordar, es decir, para nombrar a buenos amigos que estuvieron presentes en estos meses del 2020; algunos, desde hace muchos años, pero que me regalan en el momento preciso su amistad, afecto y confianza. Todos, cada uno, me merecen los mismos sentimientos; o más.

Con el riesgo de olvidar, aquí los listo. Si se me escapó alguien, con justa razón mereceré un reclamo o mentada, pero luego de mi pena, los incluiré. Van sin más orden que el dictado por la memoria.

En Tecámac tengo tres buenos amigos: Jesús Andriano, Rita Yáñez y Silvia Curiel.

En San Luis Potosí encontré la hospitalidad virtual de Ricardo Barrios, Sergio Dávila, Lucy Nieto, Amaury Pozos y Kenia Crisóstomo.

En Celaya tengo una anfitriona estupenda: Katy Luna Meza. En la Universidad Autónoma de Coahuila me acogió de maravilla Mary Barrón.

En el ISENCO, la escuela normal de Colima, su directora, Martina Milagros, Katya Hernández, Julián Granados y Mariell Espinosa tienen sitio especial.

Del Instituto Ateneo de Colima en su momento obtuve el apoyo que requerí y hoy, conservamos los lazos con René López Dávila y Ale Meza.

Muy recientemente reencontré a un amigo que conocí hace algunos años en Colima. Es español de nacimiento, pero ya un poco mexicano: Fran Lozano.

La Universidad Multitécnica Profesional me trata mejor que en mi casa de estudios. No es queja, sólo constancia. Gracias al rector, Francisco Javier Valdez, a Mario de Anda y Ramón Solorzano.

En el Colegio Terranova, de Manzanillo, tengo un buen amigo que me invita cada cierto tiempo. Ahora pude estar a través de las pantallas: Miguel Ángel Castro Palomino. La Universidad CEPCE también fue amable en la persona de su rector, exalumno y amigo, Roberto Carlos Peña.

El Colegio de Ciencias y Humanidades de la UNAM me trata muy bien y me puso en la primera mesa de su coloquio hace algunos días. Gracias a Trini García, excelso amigo, y María Isabel Díaz del Castillo.

La Secretaría de Educación del Gobierno del Estado recibió con gusto nuestro libro sobre la pandemia en las escuelas de Colima. Gracias a su titular, Jaime Flores Merlo, por la oportunidad de lanzar ahí nuestra obra colectiva.

Con la Universidad José Martí abortamos una presentación de “Colima: avances y retos. Educación”, en el marzo en que suspendimos todo. Pero luego compartimos el nuevo libro. Gracias a Marcos Barajas y Joel Padilla.

La Universidad Pedagógica Nacional unidad Colima tuvo deferencias conmigo. Mi gratitud a su director, Oscar Sánchez, y a Rubén Martínez González.

En mi casa, la Facultad de Pedagogía, dos personas fueron amables con los libros que coordiné. El director, Francisco Montes de Oca, y Rodolfo Rangel Alcántar. De ahí muy cerca, la Asociación de Egresados de Pedagogía, agradezco a su presidenta, Fabiola Rojas Larios.

El Seminario Diocesano de Colima se ha vuelto una visita entrañable cada vez que aparece nuevo libro. Gracias a Juan Carlos Meza.

En el ámbito internacional estoy agradecido sin límites con Mariano Narodovski, por su generosidad para que le pusiera voz a la onceava tesis del decálogo sobre la educación en tiempos de pandemia, propuesto por Pansophia Project.

La Universidad Juan Agustín Maza, de Mendoza, Argentina, me invitó a las Jornadas de Innovación Educativa para sus profesores. Mil gracias a Estefanía Giorda, a quien conocí en su estancia como estudiante en Pedagogía de la Universidad de Colima, y a su jefa, Yamila Spada.

Puertabierta Editores y su fundación cultural son mi casa. Gracias a Salvador Silva Padilla y Miguel Uribe Clarín. Con Rogelio Javier Alonso coordinamos un libro que nos regaló muchas satisfacciones, dentro del infortunio de la pandemia. Rogelio fue un socio de valía extraordinaria.

Gracias. Gracias infinitas a cada una y cada uno. Por ustedes, y algunas otras razones, valió la pena este 2020, aunque nos llenó de dolor y luto.

¡Hoy terminé un libro!

Con noviembre cierro ciclos, dije antes. Lo que no sabía hace tres horas es que también vería el final de un libro que nació hace 23 meses, sobre mi paso por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. Recién terminé de revisar las terceras pruebas que me envió Miguel Uribe, de Puertabierta Editores. El trabajo de ellos ha sido impecable. Luego aparecerá alguna errata, ya se sabe, pero la encargada de la edición ha hecho su trabajo; el resto es mi responsabilidad.

Estoy feliz, por supuesto. Cumplir metas es estimulante. También me llegan nostalgias. Cuando un libro sale a las manos de los lectores, como saldrá pronto este en formato electrónico, no somos más dueños. Y sólo podemos mirar adelante.

No son muchos los días en que alguien como yo, profesor universitario, puede decirlo con su discreta alegría: terminé un libro.