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Día de aprendizajes

El insomnio me pasó factura por la mañana y despilfarré la mitad del día, deambulando de un espacio a otro, tratando de pasar las horas y encontrar el botón de encendido. No tenía ánimo ni de leer, así que apenas pude terminar las páginas finales de Escribir, crear, contar, del Instituto Cervantes. Luego, nada.

La tarde fue distinta. Pasé una hora estupenda escuchando el seminario web organizado por el Ministerio de Educación ecuatoriano, con dos autoridades de signo distinto: Andy Hargreaves, uno de los autores más estimulantes para mí, y Andreas Schleicher, destacado personaje por su participación en los controvertidos exámenes del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA), de la OCDE.

El interés que me despertó el seminario fue correspondido. Valió sinceramente la pena y sólo lamenté que la sesión durará apenas una hora. La segunda parte, con distintos participantes, resultó menos interesante y abandoné.

Más tarde me conecté a través del Facebook con INNdocentes, espacio originalísimo creado por un estimado colega sanluisino, Sergio Dávila, con invitados que abordan distintos asuntos. A veces me gustan los temas o abordajes, a veces menos, pero siempre me resulta grato el entusiasmo de Sergio y todo el empeño por compartir generosamente las experiencias y trayectorias de sus invitados. Hoy no fue excepción.

Día de aprendizajes, sin mucho esfuerzo. Día de vacaciones.

Lecciones para el siglo 21

En la segunda semana de vacaciones en la Universidad opté por la lectura recreativa, o de temas que en algún punto se podrían conectar con mis proyectos laborales, pero que no son de corte pedagógico. En este segundo grupo avanzo en el libro 21 lecciones para el siglo XXI, de Yuval Noah Harari.

Se trata de la tercera obra del autor, precedida de venta millonarias en el mundo, aplaudido y reconocido por algunos de los hombres más poderosos e influyentes de nuestros días.

Para quienes ya lo conocen, es un autor deslumbrante, prosa ágil y formación más que sólida. El volumen se divide en cinco partes: el desafío tecnológico, el desafío político, desesperación y esperanza, verdad y resiliencia.

Hoy pasé un tercio de las páginas. Leo una o dos lecciones cada jornada. De los primeros, dos me resultaron esclarecedores: el inaugural, sobre la decepción de los grandes relatos de la historia (fascismo, comunismo y liberalismo), y el tercero, sobre la libertad.

No es un libro para leerse y nada más. Es una invitación a reflexionar, a preguntarse, en mi caso, sobre las implicaciones que los temas tienen en los sistemas educativos. No es un texto esperanzador, porque no se lo propone el autor y porque la humanidad encara desafíos monumentales, pero es una llave para abrir puertas a la comprensión de las realidades que vivimos, se instalaron ante nosotros y nos aplastan o ilusionan.

Una buena y una mala

Tengo dos noticias que comentar. Voy a comenzar con la mala, para cerrar con buen ánimo.

Esta mañana leí temprano que la secretaria de Salud informó que todo el estado de Colima ya se encuentra en la fase 3. El aumento sostenido de infectados por coronavirus y las muertes incesantes nos colocan en situación delicada. Para peor: estiman una duración de mes y medio, o sea, que todavía estamos muy muy lejos de respirar con alguna tranquilidad, mientras por las calles caminan a sus anchas la irresponsabilidad y los analfabetas funcionales. A pesar de ello, la Universidad anuncia que la siguiente semana volveremos a las escuelas para preparar el siguiente ciclo escolar, lo que resulta contradictorio con la situación emergente. Veremos.

La buena noticia, que alienta esperanza, es que las pruebas en humanos de vacunas contra el COVID-19 ya tienen resultados alentadores, especialmente la que se crea en la Universidad de Oxford. Me alegra por la vacuna, por supuesto, y porque sea en una universidad, lo que reconfirma que ellas tienen un rol protagónico, o pueden tenerlo, cuando se lo proponen y reúnen las condiciones para conseguirlo. Es un paso pequeño, y en algún momento será controvertido, pero ya habrá tiempo de analizarlo: ¿quiénes serán los primeros en vacunarse? ¿La vacuna será un privilegio de los países poderosos, donde se produce? ¿Primero los niños, los adultos, las mujeres? ¿Los pobres, países y personas, alcanzarán vacunas?

Había cerrado mi ciclo de conferencias en este periodo, pero no pude negarme a la invitación del Instituto Tecnológico de Roque, Guanajuato, interesados luego de haber conversado con profesores del Tec. de Celaya y otras instituciones. Será mañana a las 11, así que debo estudiar. Hoy no habrá música ni cine. ¡Buenas noches!

Tiempo de biografías

Esta tarde abrí un nuevo libro: Edgar Morin. Vida y obra del pensador inconformista, de Emmanuel Lemieux, una estupenda edición de Kairós.

No sé cuándo ni dónde exactamente lo compré. Hoy le di vueltas a ambas preguntas mientras me preparaba, pero no encontré respuestas en la memoria. Las circunstancias de la adquisición sí las tengo claras. Cuando hurgo en las librerías hay unos libros que sé que voy a comprar apenas verlos, y ya los llevo conmigo, otros, que los reviso y dejo en su sitio, con la duda en la cabeza; sigo el paseo y vuelvo, y entonces, por los textos de la contraportada, los diseños, el precio o mi genuino interés, decido. Muchos se van conmigo, muchos se quedan. Esta biografía se fue conmigo desde el primer momento, aunque el precio inhibía buenas intenciones.

Comencé ya con las primeras páginas, refugiado del calor vespertino. Se revela un autor de oficio, que introduce sin piedad a los crudos días infantiles de Edgar Nahoum, su nombre entonces, cuando muere súbitamente la madre, Luna.

Son más de 500 páginas. Será larga la relación con el libro pero, intuyo, valdrá la pena cada hora invertida.

Es viernes…

Es viernes… pero el cuerpo no lo sabe. No lo sabe tampoco la cabeza, ni la memoria. No lo sabe ninguna parte de mí. Por primera vez, en mis años, no tengo conciencia del día que vivo. Solo cuando abro la agenda de papel o la del teléfono cobró alguna idea de los días que pasaron o vienen, de la fecha que vivo. Y a veces no estoy seguro, así que debo reconfirmarlo. La constatación de una vida tal no es placentera. Está bueno vivir sin ataduras cotidianas, pero luego me aterra la idea de la inconsciencia y no disfruto.

Hoy estuvo el presidente del país en Manzanillo. Aguanté un rato los tuits de sus fanáticos y sus adversarios. Estoy a punto de renunciar a mirar más. Es como vivir en dos mundos distantes y antagónicos. Ni uno ni otro los comparto, para ser sincero. En algún momento son insoportables.

Estoy a favor del juicio implacable y justo a Emilio Lozoya. Ojalá sea pronto. Y me gustaría imaginar que, entre tanta madeja enredada, alguna hebra conduce de Lozoya a alguno de los prominentes de Morena. También estoy inquieto por la escasez de dinero que se denuncia en el gobierno de la República. Pero no soy ingenuo. Creo.

Hoy es viernes, y habría preferido no saberlo, ni en cuerpo ni alma. Para esta noche tengo programada una película: Capitán de mar y guerra. Dura más de dos horas; no sé si aguantaré. Ya les contaré. O no.