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Fin de ciclos

Hoy presentamos en dos momentos el libro 35 años de Pedagogía. Balances y perspectivas para la comunidad estudiantil de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colima.

No sé si tiene algún impacto en los muchachos que cursan la carrera. Me gustaría pensar que sí. Por ejemplo, que se acercan al libro y husmean entre sus páginas. No me propongo una aspiración más compleja y lejana. Me bastaría con que elijan un capítulo u otro por el título, o sólo porque tienen unos minutos para la tarea. Luego, que pensaran algo a partir de la lectura.

Personalmente, con esa actividad cierro mi agenda del 2020. Es el final de varios ciclos.

Hoy grabé también mi última cápsula para Radio Recuerdo 102.1 FM. Al enviarla me informaron que será la última; que la sección donde participo entrará en pausa por las elecciones. Ojalá los análisis y discusiones por el tema educativo no sigan la misma lógica. Si algo nos falta, es que los ciudadanos discutamos más en serio, con pasión y argumentos, el tema educativo. Nunca que la pongamos en pausa.

Lunes 30. Último día del penúltimo mes. El fin de un ciclo siempre es el comienzo de otros. Siempre. Salud.

Desigualdades y juventudes

Ayer terminé un curso sobre desigualdades y juventudes en América Latina y el Caribe, impartido por CLACSO, Unesco y El Colegio de México. Se integra por una introducción y cuatro módulos muy interesantes, sobre educación, salud y trabajo.

Mediante videos breves, con intervenciones individuales, en parejas o tríos, entrevistas, animaciones, experiencias de buenas prácticas, datos destacados, canciones, un foro por cada módulo y examen de los contenidos, aprendí muchas cosas, sobre todo, la necesidad de no perder de vista en el campo de mi ejercicio profesional, otros ámbitos que se intersectan de múltiples formas para ensañarse con millones de jóvenes hoy, antes y después de la pandemia, si no ocurren intervenciones definitiva de los gobiernos mediante políticas públicas universales, que atiendan la diversidad de circunstancias.

Fue un buen momento, además, para descubrir expertos en varios temas, dispersos en la geografía continental, pero unidos con el propósito de provocar reflexiones e, idealmente, intervenciones frente a la problemática analizada.

La pandemia, dentro de sus muchas consecuencias, nos ha ofrecido posibilidades de aprendizaje insospechadas y que, me parece, llegaron para instalarse entre nosotros, en el redescubrimiento de la necesidad de los otros.

Otra ola o la misma, da lo mismo

Los días más recientes destrozaron el discurso del presunto control de la pandemia en México. Los voceros oficiales insistirán, pero las palabras no merman la expansión del coronavirus. No lo digo con gusto. Lo lamento, porque esta explosión pudiera acelerar las muertes a un grado más doloroso, para llegar al diciembre negro de la historia.

Sin tener un control diario ni registros a la mano, en Colima los días pasados podrían engañarnos suponiendo que vamos rumbo al verde en esa entelequia del semáforo epidemiológico.

Vamos en la cola del tren; fuimos últimos en entrar a la pesadilla y podríamos ser, de nuevo, últimos en entrar a la montaña rusa que ahora está sufriendo la Ciudad de México.

Pasa en Europa, pasó en Estados Unidos, está replicándose en México. Ojalá los colimenses tengamos dos dedos de frente y aprendamos, de una vez, que no ha pasado lo peor.

La última charla del año

Esta mañana pasé dos horas conversando con estudiantes de pedagogía de la Universidad Tecnológica de México. Fue una experiencia muy agradable; estimulante, para ser preciso. Preparé una pequeña presentación, que no fue tan breve como deseaba, pero la parte central fueron las opiniones de unos quince estudiantes, mujeres casi todas, con preguntas y comentarios muy relevantes, que reconfirman lo que pienso durante esta pandemia: las instituciones que no escuchan a sus maestros y estudiantes están desaprovechando el caudal de ideas que tienen sobre la situaciones real, posible y deseable en la educación.

Me pidieron una reflexión sobre la educación en el marco de la pandemia, mirando hacia el futuro. Eso pretendí, desterrando cualquier perspectiva fatalista y procurando incentivar el pensamiento sobre lo que llamé “lecciones positivas” de esta época de confinamiento, abreviadas en un decálogo. Terminé con dos preguntas para el grupo de más de 110 asistentes y con base en ellas se deslizaron sus intervenciones.

Con esta sesión cerré mi agenda de conferencias durante el año. No tengo más y no pretendo aceptar una sola. Me queda la presentación del libro conmemorativo por los 35 años de Pedagogía en la Universidad de Colima el lunes próximo. Luego, adiós a la vida pública por ahora.

En las semanas siguientes, mientras llega el parón por las vacaciones, habrá que encerrarse a concluir proyectos. El año ha sido extenuante, por la situación de confinamiento y el hartazgo que produce, con temor y duda al lado, y por la cantidad de actividades.

No espero que el 2021 sea mejor, sólo más cierto y confortable. Sano y un poco más divertido.

#JusticiaparaJuanCarlos

Ayer abrí en Twitter el #JusticiaParaJuanCarlos y me enteré de la noticia de la muerte de Juan Carlos Padilla, en Celaya. Me conmoví.

Hoy leí más noticias, las declaraciones de la esposa y escuché en vivo la entrevista a su hija en Heraldo Radio.

Es imposible no sentir una mezcla de sensaciones: pena por la muerte de un hombre detenido por la policía en acto arbitrario; rabia e impotencia por el deplorabla estado de nuestra vida pública y la impunidad; asco, por los hombres (y una mujer) que lo detuvieron en la vía pública, las reacciones oficiales y la complicidad de los médicos que certificaron la muerte; tristeza por los lágrimas que deja en la familia.

Tengo incertidumbre también. ¿Cuánto tiempo nos falta, no sólo en Celaya o Guanajuato, para pasar de este estado semisalvaje a otro que deseamos para que los niños, nuestros hijos, vean morir a sus padres cuando llegue la hora natural?