El principio del año

5 de enero
Acontecimientos inesperados e involuntarios me obligaron a cancelar dos invitaciones en este principio de año. No son la mejor forma de arrancar laboralmente, pero no tuve opción.

En la primera se trataba de escribir el capítulo de un libro con dos colegas de otros estados, pero un cambio de tema lo puso distante de mi órbita; la segunda era para una conferencia que debía presentar a una audiencia nacional de directores de secundaria.

Me pesa la doble decisión, pero sopesé factores individuales, cargas de trabajo, proyectos y prioridades. Supongo que es una señal de madurez, y del paso de la edad que arrolla la necesidad de decirle a todo que sí, a veces a costa de uno mismo.

6 de enero
Un 6 de enero nacieron dos buenos amigos. Rubén Carrillo Ruiz, a quien conocí en la Universidad de Colima como director de Información, hace un montón de años, y con quien trabé amistad y proyectos comunes desde la infancia de nuestra relación. Hoy persiste. Es un severo juez de mis libros y proyectos cuando están en el taller de escritura; siempre asertivo e instigador. Conversador diestro de casi todo y generoso en las ideas.

También un día como hoy nació otro querido amigo, Josué Reyes Rosas Barajas, quien se nos adelantó dolorosamente por la pandemia hace pocos meses. En días así pasamos veladas increíbles de alegría y amistad sin imaginar que alguna vez, más temprano de lo deseable, estaría él en otra parte y yo lamentando su triste partida frente a mi pantalla, recordando sus risas sonoras y consejo agudo.

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