Advertencias: violencia en escuelas

El incidente ocurrido en el Bachillerato 1 de la Universidad de Colima en el cual, como se recordará, explotaron materialmente una taza de los baños, era una señal preocupante por el mensaje y lo que pudo provocar con gente cerca. Eso no fue broma, y si lo intentaron, nadie en juicio sano puede sonreír ni un poquito. Hoy la cosa empeora: esta mañana Diario de Colima publica la nota sobre un niño de tercer grado de primaria que presuntamente extorsionó a sus compañeros con una navaja. A juzgar por el anónimo entrevistado, el responsable tendría entre 8 y 9 años.

Aunque la nota precisa responsabilidades, más nos valdría no tirarla en la bolsa de las notas escandalosa. Hay un fondo para analizar. La columna de El Santo hoy en “El Universal” retoma datos del INEGI y afirma que en México el 35.82% de los niños en primaria y secundaria “se han involucrado directamente con la violencia social on line”.

Los hechos de Colima son advertencias para interpretar y actuar con inteligencia y firmeza. Somos muchos los implicados: familias desatentas o superadas, maestros y directores desafiados a actuar en contextos inéditos, niños sometidos a una violencia simbólica y material como tuvimos jamás, y un contexto en donde los muertos ya se volvieron tan cotidianos como la canícula y las nostalgias por el Colima de tarjeta postal.

Los medios informativos también tienen una responsabilidad. La misma nota del niño de la primaria, recortada, se publicó en un portal noticioso, pero la foto que acompañaba era de otra escuela. De ese tamaño es la flojera o el profesionalismo magro; total, son escuelas las dos, razonarán (sic) en el medio.

El mundo nunca fue una isla maravillosa rebosante de paz y amor, pero la facilidad e instantaneidad de las comunicaciones propicia que al mismo tiempo se pueda presenciar en vivo o instantes después, el incendio de un edificio en Londres o el asesinato de un político en un museo, los ataques terroristas en Europa, los tiroteos semanales en Estados Unidos o el lanzamiento de misiles de los Estados Unidos hacia sus objetivos de turno.

Y Colima ya no es ajeno a esa realidad. Las ejecuciones en vías públicas y horas de tráfico se instalaron en la normalidad. Mantener a la escuela lejos de esos fenómenos es misión extremadamente complicada. Las escuelas no son islas pacíficas en archipiélagos violentos.

Todos somos responsables, unos más que otros, ciertamente. Es hora de cumplirlas o por lo menos de intentarlas, lejos del escándalo mediático o el vocerío demagógico.

 

Foto: Aeromar

 

Comentarios

  1. Vanesa E. Alvarado Cabral dice:

    Quien iba a imaginar que nuestro Colima se iba ver en esta situación, cuando la gente hablaba de lo bonito y tranquilo que era. Es muy lamentable saber que la realidad ya es otra y que los niños de hoy crecerán en un mundo cruel y lleno de banalidades.

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