Bienvenido el 2017

Si 2016 fue un año con tintes oscuros, pródigo en desgracias, plagado de violencia, inseguridad, corrupción, cinismo e impunidad (¡uf, qué jinetes del apocalipsis!), en 2017 se atisban nubarrones amenazantes.

2017 aparece cargado de desesperanzas y pésimas intenciones. Las perspectivas desoladoras cobijan escaso optimismo. Algunos piden, en tono socarrón pero imposible, que no termine 2016, con todo y sus males. Pero la vuelta del calendario no tiene retorno.

Si la vida cada vez cuesta menos, porque cada vez se pierde más fácil, por las estupideces de las guerras o por las enfermedades de la pobreza, es buen momento para revalorarla como nunca. Eso es de lo poquito que todavía tenemos en las manos y en las de nadie más.

Solo por eso, y algunas otras razones, vale la pena encarar el nuevo año con alguna ilusión.

Si enfermarse tiene costos crecientemente altos, y entre las enfermedades crecientes irrumpen las del espíritu, es buen momento para relajarse y tomar menos en serio las dificultades.

Si sonreír no nos carga impuestos, y resulta buen ejercicio para la cara y el alma, sería fantástico dejar los rictus amargos y ensayar cada día otras maneras de reír.
Si es gratis observar el amanecer o el atardecer, la playa, el volcán o la naturaleza toda, como caminar las calles de los pueblos y ciudades, manos a la obra, es decir, pies en marcha.

Si encontrarse con los buenos amigos, para conversar, tomarse una cerveza o un vino, para reírse y ser felices por unas horas, no perdamos tiempo y hagamos la ronda.

Si tener salud es un privilegio, don divino, suerte o regalo, como cada uno decida, cuidémosla al máximo, sin tener miedo de los excesos cuando sea preciso.

Si amar no cuesta, y las oportunidades jamás faltan, no ocupemos el disco duro emocional con estupideces y odios estériles.

Si el presente es lo único que tenemos, lo que hay, y el futuro no depende sino de esto que hoy transcurre, descompliquemos la vida y vivámosla sin topes.

Si esas poquitas y otras razones valen la pena, solo por eso brindemos esta noche y vayamos al mañana con ánimo de no permitir que nos sigan jodiendo la vida quienes ejercen tan inconfesable oficio.

2017 ya está aquí y no queda más que sortearlo. Como en Gladiador, la película: no sabemos qué nos viene, pero juntos nos irá mejor.

Tenía razón Eduardo Galeano: vivamos cada mañana como si fuera la primera, y cada noche como si fuera la última. Así de simple, así de profundo, así de verdadero.

Como repite jubiloso Juan Miguel Batalloso, dilecto amigo y colega: ¡sigamos, siempre sigamos!

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