¡Cuántas alegrías después de la desgracia pasajera!

La mañana ha sido terrible. Mi viaje de tres horas consumió el doble de tiempo, por accidentes en la carretera y la oscuridad de quienes administran la autopista Colima-Guadalajara, incapaces de prever contingencias y preparar alternativas en situaciones habituales, en una vía tan peligrosa por el tránsito pesado y su nula delicadeza a la hora de conducir monstruos rodantes.

Pasados los malos momentos, en un mar de gente, mientras espero la comida y recargo mi celular, intento cambiar el estado anímico. El compromiso que espera demanda energía y concentración absolutas. Viene a la memoria que esta noche dormiré en un extremo norteño del país, pero que tenía otra invitación para estar, al mismo tiempo, en el contrario, en la bella capital yucateca. El mal humor empieza a mutar. Recreo las razones de ambos viajes; me siento afortunado.

Sí, me siento afortunado y en un extraño rayo de fatuidad digo: cómo me quiero. Sigo: sin ser nada más que un hombre común y corriente, dedicado a su oficio con pasión, he podido viajar a sitios geográficos lejanos en el país y compartir lo que pienso y hago. Y no tengo duda en lo que ahora pienso (posiblemente me arrepentiré cuando lo lea): cada una de las invitaciones son un premio enorme, que me recompensa sin haberlo pretendido, que me motiva y compromete. ¡Solo pudieron venir gracias al trabajo!

Hoy me quiero mucho, no por mí, sino por la suerte de contar con un núcleo amplio de personas que creen en mí, que confían, que, muchas veces sin conocerme, se arriesgaron a invitarme, y luego reincidieron.

Hoy confieso gratitud mientras espero que llamen a un vuelo emergente porque perdí el mío y debo llegar cinco horas más tarde al destino, pasando por una ciudad distinta y distante.

Gracias a Ediciones SM por la confianza en hacerme parte de su ciclo de conferencias 2018, que me llevó primero a Chihuahua y hoy a Monterrey. Gracias también a la Universidad Autónoma de Yucatán, que me hizo parte de un consejo consultivo como miembro externo; no estaré físicamente, pero dedicaré parte de los esfuerzos a rendirles con esfuerzo intelectual y físico durante los próximos dos años.

Gracias a quienes me quieren; no sé cuántos, pero bastan. Y gracias, especialmente, a quienes celebran mis fracasos. No es por ellos, pero también por ellos (y contra ellos) lucho para que sigan sufriendo con las pequeñas victorias que le dan una buena parte del sentido que hoy tiene mi vida profesional. No es un ánimo malévolo lo que me mueve, es un ingrediente extra y prescindible.

Estoy cansado y me esperan otras cuatro horas antes de descansar los pies. Disculpen la fatuidad y tomen estas líneas como un leve delirio provocado por la larga demora.

 

Guadalajara, marzo 8 de 2018.

Comentarios

  1. Sonia dice:

    Sin lugar a duda, será una gran experiencia y lo mejor son las decisiones que tomamos día a día y justo esos momentos intensos las hacen más ricas

  2. Norma Leticia Sanchez Torres dice:

    Mi admiración y respeto Dr Juan Carlos Felicidades por su trabajo. Sin duda invaluables los resultados fruto de esas horas de espera y cansancio

  3. Perla Lara dice:

    De nada. Nunca me había preguntado por qué, pero simplemente soy de las que lo estiman.

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