Día internacional de la mujer

Mi madre no llegó a la Universidad, ni siquiera estudió la preparatoria. No era una mujer letrada, no trabajó fuera de casa; jamás arrió banderas feministas, ni reivindicaciones del tipo, pero tenía conceptos tan claros, que a veces no los encuentro en algunas mujeres que se jactan de sus doctos títulos o altos cargos.

Un día, hace 40 años, me regaló una clase que no olvido en fechas así. A mi pregunta extrañada de por qué ella no firmaba como todas las mujeres (léase: Rosa Velazco “de Yáñez”), me respondió tajante: porque no soy propiedad de tu papá. Esa fue la primera y más significativa lección que recibí en la materia. No era una bronca contra mi padre (que podría tenerla, como todas las mujeres), era una convicción.

Desde aquella tarde memorable nunca me sentí dueño de las mujeres que pasaron más o menos fugazmente por mi vida. A las que duraron más tiempo, jamás pedí carnet de santidad, de ninguna especie.

Desde entonces aprendí, en silencio, sin perder jamás la memoria, que las fechas como hoy son solo una hoja del calendario, que lo más importante es la constancia, el día a día, la pretensión de la coherencia.

No estoy seguro de haber sido siempre fiel a las enseñanzas de mi madre,  pero sí que me río, cada vez con más entusiasmo, de todas esas mujeres elegantes y peinadas de salón que “festejan” o “festejaron” este día sin dejar a un lado el apellido del hombre que “las hizo suyas” frente al cura y el juez.

Comentarios

  1. Balvanero dice:

    El día a día, como dices, es lo que verdaderamente construye… limitarse a un día es estridencia sin ningún eco…

    Saludos

  2. Veronica Cortes dice:

    No pudiste ser más pertinente y preciso con tu comentario, aplaudió a la Sra Velasco, yo soy su Fan.

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