Enseñanza o antienseñanza

La preparación para una conferencia dirigida a profesores de bachillerato del Estado de Guanajuato me condujo a la relectura de varios textos sobre el tema. Titulé a mi disertación con un nombre que es, en realidad, una poderosa fórmula pedagógica (aprender con emoción, enseñar con alegría) para los maestros, y que tomé prestado, confieso, de Moacir Gadotti, colega de Paulo Freire. Mi objetivo declarado era reflexionar en voz alta (o pretenderlo al menos), y promover su reflexión. La propuesta: dialogar de persona a persona, de profesor a profesor, por tanto, no discurriría por temas técnicos como las competencias o la evaluación, sino por el sentido de la docencia.

Entre los textos que elegí para inspirarme algunas ideas seleccioné “Lecciones de los maestros”, de George Steiner. Allí, en la página 26, subrayada con rojo encontré una frase perdida en la memoria, pero que al leerla me impactó más que en el encuentro inicial. Escribió el autor: “La antienseñanza, estadísticamente, está cerca de ser la norma. Los buenos profesores, los que prenden fuego en las almas nacientes de sus alumnos, son tal vez más escasos que los artistas virtuosos o los sabios”. Quisiera no estar de acuerdo, pensar que Steiner está equivocado, o que tal vez acierta, pero en su país, o en otros países, pero no en México, menos en Colima. Estoy seguro que tenemos en nuestras escuelas maestros que encienden los fuegos a que alude Steiner. Estoy seguro, y no tengo duda, por tanto, de que sí existen, son reales, de carne y hueso. Pienso, sin embargo, más allá de buenas intenciones, que hay muchos maestros mexicanos, maestras mexicanas, que con su práctica sustentan la declaración de Steiner.

No hay una estadística que indique cuántos maestros practicamos la enseñanza y cuántos la antienseñanza, o cuántos practicamos más una que la otra, porque no es una pregunta que aparezca en los censos, ni en los formularios que llenan las instituciones educativas para la secretaría de educación, y a partir del cual logran excitantes informes plagados de indicadores. No hay estadísticas, repito, pero uno, dos, muchos maestros que practican la enseñanza (o quizá tendríamos que decir antimaestros), le dan dolorosa veracidad a Steiner. Con los que están, estamos ya en aulas será difícil hacer algo, pero con quienes están empezando, o apenas se forman en las escuelas normales y universitarias, sí tenemos la obligación de enmendar lo que nosotros no pudimos, no quisimos o no supimos. ¡Es tiempo!

 

Comentarios

  1. Lidia Teresa Ovando C. dice:

    Sinceramente, desde hace un tiempo que he notado esto, en mi escuela son contados los maestros que realmente, están trabajando como se debe, muchos muestran una actitud de anti maestros..Lo único que duele es que nosotros no somos maquinadora, y trabajamos con personas, y muchas veces es el sistema…que no ayuda y también otras veces ya no hay ética profesional en muchos de ellos, porque muchas veces si eres Licenciado, y no tienes pedagogía, pero tienes vergüenza, buscas la manera de que tus alumnos entiendan de lo que les estas enseñando…Pero considero también que desde que la Educacion Básica se ha convertido en la guardería de los grandotes..Los padres (ambos) quieren que el maestro, los eduque, de los valores que se deben tener en casa.

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