Escuela: emoción y razón

En la semana recibí la invitación del secretario de Educación en Colima para asistir a la ceremonia inaugural del 2do. Foro internacional Educación: razón, emoción y lenguaje. Iré, por supuesto, y espero escuchar algunas conferencias.

Celebro que la segunda edición del Foro se realice también en Manzanillo, cuya demografía e importancia merece máxima atención. Próximas ocasiones podrían ser albergadas en otras sedes, hasta cubrir la geografía de la entidad, en un ejercicio que resultaría inédito: fiesta pedagógica con y para el magisterio colimense.

El tema central del foro, en realidad, distintos enlazados (razón, emoción y lenguaje), rompe un monolingüismo dañino, que centra la escolarización solo en un aspecto, lo cognitivo, pero deja de lado otros componentes clave de la formación de las personas, especialmente en las etapas infantiles y juveniles.

El libro que leo actualmente (Arte y creatividad en Reggio Emilia. El papel de los talleres y sus posibilidades en educación infantil, de Vea Vecchi), sobre la extraordinaria historia y presente de la red de escuelas municipales para la infancia en la comunidad italiana de Reggio Emilia, constituye una de las apuestas más acabadas en esa perspectiva. Las escuelas reggianas son un experimento educativo digno de ser contado, estudiado y admirado.

Las escuelas de los más pequeñitos son concebidas como nidos donde aprenderán a volar tan alto como sea posible, sin dejar de ser niños, de jugar, probar, experimentar, bailar, con la compañía de maestras, talleristas y pedagogas. Una escuela que funciona dentro de otra gran escuela, la comunidad, consciente de que solo así es posible una innovación educativa potente.

La pedagogía de Reggio Emilia es imposible de definir en una palabra: es de escucha, de experimentación, lúdica, inquieta, aventurera, estética. Es una reinvención del tiempo, del currículum, de la enseñanza, con la irrupción del arte, convertida en una “escuela amable”, como soñaba su creador, Loris Malaguzzi, al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Las escuelas y la pedagogía de Reggio Emilia son un ejemplo vivo de que es posible educar distinto, y de que es necesario educar cabezas, cuerpos y corazones con pasión y alegría.

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