HASTA SIEMPRE. CARTA A RUBÉN GUZMÁN PÉREZ

Estimado Licenciado, con profundo pesar me enteré de la triste noticia que tendrá muy dolida a su familia. A cada una, a cada uno de ellos les expreso mi solidaridad y el deseo de que en su recuerdo mañana, pasado mañana, más temprano que tarde encuentren motivos para la sonrisa reposada por los bellos momentos compartidos a su lado.

Entre nosotros nunca hubo una conversación estrictamente personal. No puedo decir que fuimos amigos, pero creo que usted sentía el mismo respeto que yo por su persona. En nuestras responsabilidades nunca hubo desencuentros que no tuvieran final feliz para beneficio de los estudiantes de la Universidad. Hablando claro y breve, por teléfono o en persona, siempre acordamos. Gracias a eso pudimos destrabar problemas, acelerar procesos y, en los años más recientes, organizar campañas para ayudar a que nuestros egresados se titularan. Muchas satisfacciones me dejaron las acciones que hicimos juntos, porque usted siempre respaldó lo que hicimos en favor de la comunidad estudiantil, sobre todo porque ellos, estudiantes y egresados, recibieron el beneficio.

Por eso, estimado licenciado, le agradezco hoy y siempre el apoyo, el respeto y la cooperación para el cumplimiento de nuestras tareas.

Tengo una razón más, estrictamente personal, para el agradecimiento. Cuando regresé a mi Universidad luego de una estancia fuera del país y me encontré en reunión con un grupo de universitarios, algunos evadieron mi mirada o me concedieron el don de la invisibilidad, pero usted, desde la silla en donde acomodaba su gastada salud, sentado a un lado de la puerta me llamó y saludó efusivamente. Conversamos unos minutos. Fue nuestro último encuentro personal. Me alegró verle, y se lo dije allí mismo, aunque su estado físico había mermado y no pude menos que consternarme.

Fue un gusto trabajar con usted.

¡Gracias licenciado, hasta siempre!

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