Hijos como padres

photo_6Que un padre declare su amor en público no es extraño. Que para el mismo propósito use argumentos rebosantes de cursilería también entra en la norma. Que los hijos pongan al padre en su sitio, cuando así se precisa, es menos habitual; creo.

Mis hijos entran en esta última categoría y su cariñosa, justa insolencia, obliga al agradecimiento. Somos padres, no superiores ni amos en casa. Somos responsables, tenemos obligaciones, debemos cuidarlos, pero no a costa de convertirlos en eunucos de la ciudadanía que se ejerce con libertad responsable, la única existente.

Sentados a la mesa, un día normal, lunes tal vez, mis hijos escuchan el diálogo formal y las buenas noticias que el padre les cuenta. Al finalizar, Mariana, la mayor, sin contemplaciones, demuestra haber comprendido y agradece emocionada porque papá tendrá nuevas responsabilidades y “todos estamos contentos”. Al final lanza tiro directo: pero entonces dejáremos de verte todos los días, no comerás con nosotros ni leeremos juntos en la noche. Balbuceo una respuesta ante el obús.

Juan Carlos, sin fijar los ojos, comedor exquisito de lo selectivo, no tira a la gradas, solo al ángulo, como Messi en sus mejores tardes: pues sí, en tu nuevo trabajo serás el director general, pero en casa eres mi papá.

El padre, días después, mientras mira las sombras que se posan en los árboles, recuerda y disfruta la maravillosa dicha de tener dos anclas efectivas para que los pies no despeguen de su sostén de siempre, incluso en los días aciagos.

Agradece, solo agradece, mientras bebe nuevo sorbo de café y se inclina lentamente a poner el punto final.

Comentarios

  1. Ma. Isabel Meneses dice:

    Breve, nutrido, significativo, de esas lecturas que regocijan el alma. Gracias por compartir y felicidades al Maestro, Doctor, Director y especialmente al Padre.

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