Historias argentinas para niños

9789870429012¿Viste la estupenda película “El secreto de sus ojos”? Sí, la ganadora del Oscar a la mejor película extranjera en 2010, que dirigió el multipremiado cineasta argentino Juan José Campanella. La cinta, con un elenco encabezado por Ricardo Darín, está basada en la novela del escritor (también argentino) Eduardo Sacheri: La pregunta de sus ojos.

Antes de pasar unos meses en Argentina, en 2013, jamás había leído al recientemente ganador del Premio Alfaguara de Novela 2016. En el frío invierno pampero lo descubrí en su faceta de escritor de temas futboleros: artículos periodísticos, entrevistas, redes sociales, y luego su libro La vida que pensamos. Cuentos de fútbol, dedicado al club cuya pasión heredó del padre: Independiente, uno de los grandes del fútbol sudamericano.

Mi siguiente eslabón con la pluma de Sacheri vino otra vez del cine. Ahora, una película infantil que se convirtió en fenómeno taquillero en su país: “Metegol”, nombre con el que se conoce a lo que en México llamamos “futbolito”. Sacheri fue responsable de la adaptación del cuento “Memorias de un wing derecho”, escrito por el rosarino Roberto Fontanarrosa. El director: Campanella.

¡Tres veces vimos la película Juan Carlitos y yo! La primera, a pocos días del estreno, en el Cine Gaumont de Buenos Aires; las otras dos, en Santa Fe. La última, por cierto, en los días finales de exposición, con entradas a un peso. El tema musical de la película, “Me vieron pasar”, es de Calle 13, y hasta la fecha Juan Carlos la sigue escuchando, cantando y repasando cuando algo no le sale del todo bien; entonces, recuerda que debe siempre levantarse de las caídas y reemprender el camino.

Ese es el preámbulo para contarles que hace tres noches Juan Carlitos me pidió que leyéramos un libro antes de dormir. Elegimos Equipo en peligro, del escritor nacido en Castelar, oeste del Gran Buenos Aires. Es otra historia de los bordó (o granates) y los rayados, los equipos de Metegol: el Capi, Beto, el coreano Park Lee, Lechuga, Melena, Liso, los mellizos Malparitti, Luigi y Mario (¡como los Bros!, dice mi hijo). Y allí vamos en la caminata nocturna por las letras, disfrutando el paseo; a lo que sumo el placer de verlo admirar las ilustraciones mientras escucha atento.

Para leer a los hijos no hay que tener un libro especial, pero sí existe, ya está conseguida la mitad de la victoria, el maravilloso momento de la intimidad en torno a la lectura.

 

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