INVESTIGAR: ¿QUÉ Y PARA QUÉ?

TrillaLeyendo un libro de Jaume Trilla, extraordinariamente lúcido y sugerente, me detuve en la página 142 para escribir estas breves notas en un pequeño cuaderno azul.

Mi vista es espectacular, quiero decir, el paisaje ante mis ojos, desde el piso 2 del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación. Un silencio relajado, estimulante, acogedor (porque hay silencios y silencios, como el que sigue a un beso o el que se instala después del regaño), propicio para estas deleitosas tareas.

La obra se llama La aborrecida escuela. Junto a una pedagogía de la felicidad y otras cosas. Cavilo apenas leer las primeras dos líneas: “La realidad educativa es la fuente y, a la vez, el destino del conocimiento pedagógico”. Pocas palabras, pero una declaración de principios pedagógica y política.

Por supuesto, habrá distintas opiniones, incluso contradictorias, antagónicas a lo escrito por Trilla. El propio concepto de realidad será debatible. Habrá quienes piensen, por ejemplo, que la especulación por la especulación es relevante, o que la libertad académica permite explorar cualquier tema que interese al investigador y a nadie más, con un legítimo salvoconducto para pasar de los pantanos de la realidad sin inmutarse, menos ensuciarse. Habrá, pues, varias o muchas perspectivas acerca de para qué investigar en pedagogía.

Reconociendo la diversidad y su validez, para mí no hay duda: la investigación sólo tiene sentido a partir de la realidad educativa y para regresar a ella con nuevas preguntas, más amplias comprensiones y, si es posible, algunas ideas para la transformación de las tareas vitales de la escuela, de los estudiantes, de los profesores y la sociedad en distintas agencias, como los medios o la familia.

Jaume Trilla apuntala su convicción con un argumento de John Dewey: “1) que las prácticas educativas ofrecen los datos, la materia que forman los problemas de la indagación. Estas constituyen la única fuente de los problemas últimos a ser investigados. Estas prácticas educativas son también: 2) la prueba final del valor de las conclusiones de todas la investigaciones”.

Suscribo palabra por palabra, punto por punto.

Último día de julio, 2014. Ciudad Universitaria, UNAM

Comentarios

  1. José Manuel Ruiz Calleja dice:

    Interesante comentario. Cierto que se reconoce que la investigación científica es la forma contemporánea de “hacer ciencia” (producir conocimiento), esta tiene diversas fuentes que han permitido definir tipologías y clasificaciones a partir de distintas interpretaciones, pero desde cualquier enfoque se percibe, como fuente primaria, más o menos explícita, la realidad misma, lo que podríamos llamar en este caso la práctica educativa. Así ha sido desde que se construyeron las primeras teorías que trataban de explicar la “vida” aplicando métodos simples de observación, pasando después por etapas de mayor y más profundo nivel de abstracción. Opino que una pregunta clave es ¿para qué se investiga?, ella define intereses y prioridades vitales, que sin desconocer la especulación teórica, permite una orientación hacia la solución de los problemas científicos cotidianos de la práctica educativa, que muchas veces se desconoce al “gestionar” la actividad investigativa desde las universidades. He aquí uno de los problemas que percibo en el actual desarrollo de la investigación educativa. Por último, coincido en que el papel de la práctica no se puede desconocer, por aquello de que el conocimiento se construye: “de la contemplación viva al pensamiento abstracto y de ahí a la práctica”, como criterio supremmo de la “verdad”.

  2. arthur edwards dice:

    JC:
    Me gusta la interrogativa de tu aportación de hoy. Francamente, esta pregunta no se abarca en los esquemas tradicionales de educación. Para mi, se trata de algo que no cultivamos en las escuelas…y esto va mucho antes que el ya muy traqueteado “aprender a aprender”. Me refiero a la cultivación de la “Curiosidad Intelectual”. Sin curiosidad sobre las cosas y sin el deseo de satisfacer esa inquietante y molesta sensación que revuelve las tripas, falta la verdadera motivación de aprender. El deseo de saber y esa sensación de insatisfacción al no saber es lo que nos alienta mejorar progresivamente y a través de nuestra existencia terrenal.

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