Lecturas en tiempos de escasez

Cuando el tiempo se vuelve bien escaso y cada vez más irrenovable, la valoración del uso puede ser trampa o trampolín. Unas veces caigo de un lado de la cuerda, otras, la paciencia y alguna lucidez me iluminan; cuando sucede lo segundo, se disfrutan las actividades sin temores y la situación puede tornarse incluso divertida.

Una hora de descanso, diez minutos de espera previos a una reunión, las noches después del trajín de la oficina, el fin de semana sin trabajo, pueden provocar la terapia más provechosa para sacudirse frustraciones, decepciones, tensiones o simplemente vivir el tiempo.

La lectura es terapéutica. Aprovecho cada minuto libre para dedicarlo, a veces con tino, unas con frutos visibles, otras tantas sin logro a la vista.

La escasez del tiempo, la agenda repleta y los compromisos familiares angostan el territorio de las lecturas. La circunstancia apremia a usar bien todos los recursos, incluida la capacidad de seleccionar libros y autores. Los que van resultando de ese doble proceso de selección y exclusión deben ofrecer horizontes atractivos; además, se afinan olfato e intuición, atajos que evitan extravíos.

Nuccio Ordine es uno de los autores que debo a esa criba. Apenas leí un tuit y empecé a buscarlo. Encontré libros, notas, videos; el interés creció. Pero nada fue igual a tener en las manos Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal, hecho con fragmentos de libros que leía a sus alumnos entre septiembre de 2014 y agosto de 2015, con un comentario también breve.

Ese libro es más que antología: invitación a los clásicos, a encender la pasión por la lectura en escuelas. Texto escrito de forma impecable, sonoro, entrañable.

Parafraseándolo, diría: es casi imposible imaginar que los textos clásicos tengan vida fuera de escuelas y universidades, pero igualmente, imaginar que las escuelas o universidades tengan vida sin la presencia siempre estimulante de esas obras magistrales.

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