Los límites de la estupidez

Un poco por morbo y otro por curiosidad dediqué unos minutos a observar el video que compartió hace unos días RT, el canal ruso de televisión en español en su cuenta de Twitter. En síntesis, un bloguero ruso dejó que una mortífera mamba negra, serpiente africana, le mordiera la mano “frente a sus espectadores”. Picado por el gancho caí. Era mentira a medias: la mordedura no se aprecia, solo un par de orificios sangrantes en una de las manos.

El bloguero, cuyo nombre es intrascendente para el relato, con su gato ronroneando sobre una cama al fondo de la escena, habla a sus espectadores en tono sombrío o triste. No está subtitulado, y mi aprendizaje del ruso no comenzó todavía: no sé qué confiesa. La nota informa que el hombre, decepcionado por el abandono de su exmujer, quien le había garantizado no regresar, cometió el acto que, ante mis ojos y lo que entiendo por cordura, solo admite calificativos en una escala de lo estúpido a lo absurdo.

No entraré en temas del amor, desamor, matrimonio, separaciones y aledaños, que es terreno privado, en todo caso, desde mi incalificable opinión, ninguna razón medianamente lógica aprobaría un hecho de esa naturaleza.

Como sospecharán los lectores más aventajados, el fin de la historia fue fatal. Los espectadores llamaron al teléfono de emergencias (sospecho que después de tomarse una selfie o escribir algún comentario en Facebook, o lo que domine en Rusia), pero el esfuerzo médico fue inútil. Murió al día siguiente.

Lo que sigue es pura especulación. Si el bloguero quería reconquistar los favores de la amada, ya no podrá, aunque ella pudiera conmoverse al mirarlo sufrir sus últimos instantes de poquísima lucidez. También cabe la idea de que se sintiera reconfirmada en su convicción de que no valía la pena vivir al lado de aquel mequetrefe. En esta vida, por lo menos, la esperanza de la reconciliación falleció. Si lo que quería era conseguir las miradas y la fama efímera que domina en estos tiempos, las habrá conseguida por unas horas. Descansa en paz, o tal vez no. Ya no está para revisar el contador de visitas en su video, o los likes, y más allá de sus amigos y familia, es probable que estas sean las únicas líneas que lo sigan recordando.

Pero el mundo no da respiro. Cerrado un capítulo se abren mil más al instante. Después del punto final encontré una nota de la BBC relatando que una italiana se casó con ella misma (sic) y se suma a las filas (todavía marginales, supongo) de la “sologamia”. La imagen que acompaña es tierna: la reciente desposada parte el pastel de bodas. Luego les cuento mi opinión; quiero entender tanta sabiduría

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