Los símbolos patrios con ojos de niña

Por: Mariana Belén Yáñez Borrego

Muy temprano descubrí los símbolos patrios. Las primeras celebraciones a la bandera y el aprendizaje del himno nacional los viví en la estancia infantil de la Universidad de Colima. Allí me encontré en ceremonias conmemorativas con las educadoras y el personal, a veces con la compañía de nuestros padres. Entonces era poco consciente de lo que significaban los tres colores, el escudo y las estrofas del himno.

En el preescolar Anáhuac aquellas ceremonias ocasionales se volvieron constantes. Cada lunes, ordenados y silenciosos, rendíamos honores, escuchábamos a nuestros compañeros y maestras y luego comenzaba la jornada semanal. Empezaron a cobrar sentido las palabras, los versos y la bandera.

Con la enseñanza de la historia de México mi panorama se amplió. El ejemplo de muchos hombres y mujeres, las luchas libertarias por un país propio y justo se hicieron carne en los símbolos que nos identifican ante el mundo y ante nosotros mismos. Somos mexicanos por una historia, por unas leyes, una lengua común y un territorio, pero también porque seguimos con aquellos anhelos.

La bandera representa en sus colores el sentimiento de un pueblo noble y orgulloso, jurada por vez primera por el general Vicente Guerrero en el memorable abrazo de Acatempan.

El escudo de mi país cuenta el origen de una nación fuerte, inteligente y poderosa como pocas, inspirada en la búsqueda del pueblo Azteca de la señal que los dioses darían para fundar la ciudad de Tenochtitlan.

El himno representa los sentimientos de mi patria, las luchas que ha peleado el pueblo mexicano. En cada una de sus estrofas se deja ver el orgullo, el valor y el respeto.

México es un país enorme, rico, diverso, pero podría ser más justo y pacífico. Millones de personas, muchos de ellos niños, viven en la pobreza; muchos niños no pueden ir a la escuela básica, o no la terminan. Su vida sin educación será más complicada desde los primeros años.

México es mi país, y estoy orgullosa, pero me gustaría que fuera más sensible con ellos, con los pobres e indígenas. Me gustaría un país menos violento, más unido, culto y tolerante, con menos injusticias.

Si los símbolos patrios nos integraron para formar una nación independiente, nosotros, los niños de hoy tenemos la tarea de heredarles a otros niños, esa misma nación independiente, pero más humana, justa, generosa y pacífica, como declaramos cada lunes en el homenaje a la bandera. Ojalá pueda verlo todavía con ojos de niña.

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