Morir entre flores

La muerte es inevitable, por lo menos hasta donde se sabe con alguna certeza.

La muerte es casi siempre una mala noticia. Casi. Frente a una enfermedad irreversible y terminal, tortuosa para el enfermo y la familia, la muerte es la despedida más digna.

La muerte es, a veces, infame; mejor dicho, infame la manera como se muere, porque la muerte y la vida son parte del ciclo vital más maravilloso. Es la sociedad, algunos de sus miembros, instituciones o grupos, la que provoca muertes absurdas, abominables, indignas e indignantes.

La muerte de un niño o una persona joven suelen ser más dolorosas, en grado superlativo. Los argumentos sobran.

Una de estas últimas sucedió ayer en el centro de la ciudad de Colima. La desventura colocó a un inocente en sitio y hora inoportunos: la esquina del mercado donde vendería flores con la esperanza de ganar algunos pesos por las ventas del Día de la Madre. Pasadas las 18 horas, cuentan las notas periodísticas, una camioneta recibió varios impactos de bala desde otro vehículo; los dos ocupantes fueron alcanzados, pero alguna salió de su destino e impactó en un cuerpo al que no iba destinada. Una muerte estúpida, sin merecerla ni buscarla. Las flores quedaron allí, velando el cuerpo de Alexis.

Su madre, su novia, la familia, los suegros, ya no podrán despedirse. No pudieron darse el último beso, cruzar las postreras palabras, agradecerse por los años juntos, por la vida regalada. 17 años, dicen que tenía; futbolista, dicen, como su novia, portera, de nombre futbolístico (América).

Hoy su madre no recibirá un abrazo y las mismas flores que vendía. No habrá palabras, ni besos cariñosos, ni abrazos festivos. Solo resonará una bala asesina disparada por una mano maldita que cortó brutalmente su vida. Así nada más.

A veces, como ayer, no me cabe duda que la sociedad acumula demasiadas ruinas físicas y humanas. Ayer cabía con justeza decir: ¡quéhijadeputainjusta!

Comentarios

  1. Balvanero dice:

    Homo homini lupus est, escribió Hobbes hace muchos años… pero se reedita todos los días. Estremece la muerte de Alexis, y de todos que como él, estaban donde debían: trabajando, transitando, estudiando, viviendo… pero la cotidianidad nos ha sido robada, secuestrada: un martes a las seis de la tarde en un mercado popular, del centro de la ciudad capital, se volvió el lugar equivocado y la hora equivocada para quién ahí trabajaba… quienes nunca debieron estar ahí y hacer lo que hicieron, fueron quienes se retiraron del lugar sin que la mano de la justicia los alcanzara…

  2. Isabel Memeses dice:

    Estremecedor, lamentable y al mismo tiempo magistralmente relatado.

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