POSDATA: FELIZ 2014

No me gustan las despedidas.

No me gusta la muerte.

No me da la gana decir adiós.

Tampoco disfruto la última copa.

No celebro los discursos de clausura.

Las excusas de la derrota debieran ser acalladas por el silencio.

Prolongo el final de mis escritos.

No me gusta el punto final; prefiero los puntos suspensivos.

“Las golondrinas” no figura entre mis canciones favoritas.

Los finales, así sean felices, nunca me parecen lo mejor de las películas.

Los buenos libros, como las novelas memorables, siempre consumen más tiempo. Nunca tengo prisa por llegar al colofón de esos libros.

Por eso escribo posdatas, para prolongar, para borrar los puntos finales o restarles contundencia, para abrir paréntesis y darles respiración artificial a momentos que no debieran culminar, o que, puestos a su fin, merecen otra suerte, por ejemplo, varios y no un solo final, tantos como la imaginación engendré.

Posdata, como todos saben, es lo que se añade después del punto final, de la firma. Un mensaje postrero. Pero yo quiero, sin permisos ni licencias, suprimir los puntos finales. Que se abran nuevas sucesivas ventanas para que penetren incesantes comienzos, otros hálitos vitales, un segundo más.

Para ser congruentes, aquí no habrá punto final, sólo una invitación permanente que cierra con tres puntos suspensivos y suspendidos…

¡Seguiremos leyéndonos, encontrándonos en 2014, aquí o en cualquier parte!

Deja tu comentario