Recuerdos de mi niñez: el abuelo Nico

53123799Hace unos minutos salí a la calle. El pretexto era nimio. En realidad, quería abandonar la idea de lanzarme a la cama para dormir las horas que faltan y preparar las que necesitaré la siguiente semana, laboralmente agitada y en otra ciudad. El sol de las cinco de la tarde no era propicio para la caminata. Pero sabía que si me quedaba el agotamiento ganaría la partida y me perdería el programa de televisión que quiero ver a las 8 de la noche. Allá fui, buscando las pocas sombras en la calle y sin gafas oscuras. Unos pasos nada más, cómodo, así, pantalón corto y camisa ligera, pies desnudos, como prefiero andar en mi estudio o trabajar en solitario.

De vuelta a casa, a dos calles, un abuelo joven, con lentes, estaba sentado en el quicio de la puerta. Sus nietos, dos varones, jugaban trompos. La imagen me sorprendió. Dos niños jugando trompos y un abuelo mirándolos en la calle vacía es poco común. No sé cuándo vi algo semejante en muchos años. Los niños, cerca de la pubertad, encuerdaban con cierta pericia y, de pronto, uno de ellos invitó al abuelo a jugar: “abuelo Nico, ¿sabes levantar el trompo así…?”

Me gustó el coloquio, aunque no entendí toda la interrogación, pero la amistosidad y la franqueza me resultaron gratas. La respuesta del abuelo, vigoroso en la voz, fue clara y sincera, lo que más agradecí: pocas veces pude hacerlo; algo así respondió el abuelo. Esas palabras justamente escuché mientras pasé pidiendo permiso.

Me habría encantado quedarme en la esquina, volver la vista y ver al abuelo Nico tomar el trompo, enredar la cuerda y darles una clase a los nietos, asombrados de ver al viejo en destrezas que no esperaba ni conocen. Lo habría disfrutado mucho porque la imagen fue inusual, porque los dos niños podrían estar jugando en la tableta, o el abuelo viendo el clásico América-Cruz Azul. Un oasis en la tarde caliente. Porque creo que todos los abuelos tienen derecho a ser niños una vez cada día, por lo menos, y porque todos los nietos tendrían que jugar con sus abuelos una vez al día, por lo menos.

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