Rosa Montero y La carne

la-carne-rosa-monteroEl admirado Eduardo Galeano decía que solo leía libros impresos, no en pantallas. Cuando lo escuché me ruboricé un poco. Para entonces, los ebooks eran tan habituales en mis lecturas como los impresos.

La historia se remonta a la ciudad argentina de Córdoba, cuando la balanza se inclinó a los libros en el iPad. La razón no fue de pesos ni de gustos, sino de peso, de kilógramos. En tres semanas de estancia calculé que mi maleta estaría ya rebasando los kilos que me exentarían de cobro en el avión, y faltando un par de meses, dosifiqué dramáticamente la compra de libros en papel. A partir de entonces, la literatura que encontraba solo podía hojearla o la buscaba en formato electrónico; algunos libros debieron quedarse en el departamento. La decisión no admitía vacilaciones, so pena de desbarrancar mi exigua cuenta bancaria.

Hoy no tengo más problemas de espacio ni de peso. Los libros que nunca más leeré, o que no podrían ser parte de mi herencia a los hijos, los regalo o voy dejando por allí, olvidados, en busca de un par de ojos ávidos. Así que mi biblioteca no será la más grande del estado, ni de la ciudad, ni de la colonia.

Todo este rodeo para contarles que leí el fin de semana anterior un libro en formato electrónico. Se llama “La carne”, estupenda novela de la escritora española Rosa Montero. Quería leerlo en papel, pero no lo pude conseguir en las pocas librerías que visité en Guadalajara y Colima. Como tenía ya ganas de disfrutarlo luego de dos o tres reseñas, lo compré en el único modo al alcance.

La obra me atrapó desde las primeras líneas: “La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir”. Así comienza, y luego no paras con la historia de Soledad, una sexagenaria que para celebrar su cumpleaños contrata a un prostituto ruso con el cual pretende cobrarse revancha frente a su antiguo amante, también más joven que ella. A ese primer encuentro para observar Tristan e Isolda, continúen muchos capítulos apasionados, generosamente pagados por euros y turbaciones de la experta en montar colecciones inolvidables.

Rosa Montero es una de mis imprescindibles. De esos autores que no dudo en conseguir apenas me entero de que publicó su reciente obra. Y cuando voy a Ciudad de México no pierdo ocasión de preguntar en las librerías del itinerario personal: “¿tienen algo de Rosa Montero?”. Y a veces encuentro algo que no conocía o me faltaba. Esta vez, de nuevo, Rosa me inyecta la vitalidad (dentro de tristezas y decepciones en sus historias) para la cual debe servir, creo, la literatura.

 

 

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