Una foto multicolor en paisaje blanco y negro

Con el invierno y los vientos que corren las calles, con las elecciones intermedias en puerta y con la evidente incapacidad del gobierno derechista de Mauricio Macri, la ciudad de Buenos Aires tiene un aire triste y sucio. Feo en muchos pasajes. Por sus amplias avenidas, entre sus banquetas horadadas por doquier, caminan jóvenes presurosos, los más viejos, sobre todo mujeres, van eludiendo las irregularidades de unas banquetas que presentan peor aspecto que sus calles. Es el mundo al revés, como diría Francesco Tonucci: las banquetas debieran merecer tanta atención como las calles la reciben para facilitar el tránsito de los autos, la prioridad. La universal Avenida de Mayo, que desemboca en la Plaza del mismo nombre, y la Casa Rosada al fondo, serían un lugar mucho más lindo, dice Laura, con un poquitín de limpieza diaria. Un denominador común entre la gente, no sé si por las fechas invernales o por los momentos de polarización política, o por la historia, la cultura o todo junto, es que las personas caminan y forman un paisaje como de blanco y negro, serio y triste, como un tango clásico, como el canto de los que se fueron o de los que no llegan. Nuestro taxi desemboca en Plaza de Mayo, bajamos y se abre ante nosotros su histórica inmensidad. Apenas pisar sus primeros metros Juan Carlitos rompe la seriedad y el silencio de la gente, de aquellas como estatuas vivientes de la calle Florida: corre como hace siempre, sobre las decenas de palomas, y con alegres gritos las azuza para que alcen el vuelo. Acostumbradas a otro tipo de acosos, apenas se inmutan, corren y vuelan, con parsimonia, un tanto sorprendidas, como aflojeradas. Después de varios minutos en que lo hace, Mariana corre tras ambos, siguiendo a su hermano que persigue a las palomas que dando vueltas regresan raudas al piso. Me imagino una fotografía monocromática con la catedral de Buenos Aires al fondo, solo coloreada por Mariana y Juan Carlos en su festiva carrera. Su extraña vitalidad y alegría en este escenario ya no pasa desapercibida. Las muchachas sentadas en el piso de la Plaza los miran y sonríen. Sí, así lo guardo en mi memoria: como una fotografía monocromática en la que aparecen dos figuras humanas en colores que insuflan un soplo de alegría en este mediodía gris. 

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