Una mirada infantil a Torres Quintero

El 13 de febrero es una fecha emblemática para la Universidad de Colima. Un día así, en 1985, nació la Facultad de Pedagogía, primera con ese rango en la institución. Para conmemorar el acontecimiento la dirección organizó un programa intenso de actividades que arrancó con la presentación del libro “Juanjo preguntón. ¿Por qué nuestra calle se llama Gregorio Torres Quintero?”, escrito por María de los Ángeles Rodríguez Álvarez, Mara, e ilustrado por Paula Rivas Rodríguez.

Es una obra infantil informativa y literaria, como la definió Juan Carlos, mi hijo, a sus siete años. A dichos atributos, Gloria Vergara, también comentarista en la ocasión, sumó su carácter pedagógico.

El librito (con cariñoso respeto) es producto de un magno volumen de la propia autora, en la que novela la biografía del ilustre colimote que inventó el Método Onomatopéyico, usado durante décadas a lo largo del país para el aprendizaje de la lectoescritura.

Dirigido a niños, como queda dicho arriba, el texto boceta aspectos biográficos de Torres Quintero, del Colima donde vivió y de su obra pedagógica capital. Sus personajes, reales en inspiración, a través de una conversación sencilla y basada en preguntas, deshilan los pasajes que retrata el libro con las creativas ilustraciones de Paula, hija de Mara; el trabajo de ambas le concede un carácter peculiar, personalísimo, que emociona a quienes apreciamos a la autora.

Mi relación con el proyecto que condujo al libro es íntima, pues nació en mi cubículo de la Universidad, alguna mañana en que conversábamos de la biografía de Torres Quintero, un librazo de más de 500 páginas. Con la inquietud personal de escribir para niños, le sugerí sin pudor: “Mara, ¿por qué no haces una versión de tu libro para niños? Sería buenísimo”.

Hoy confesó que la idea inicialmente le pareció una locura, o que el autor de la idea estaba loco. No recuerdo con precisión. Lo segundo es probable, pues para educar se requiere una pequeña dosis. Paulo Freire diría: para educar hay que estar locamente sanos, o sanamente locos. Pero la idea no era locura; prendió y Mara nos lega un texto bonito, disfrutable, que debemos agradecer, además, al Ayuntamiento de Colima y a Puertabierta Editores por el patrocinio y la estupenda edición, respectivamente.

Ojalá el libro circule profusamente, se lea en las escuelas y entre papás e hijos. Además de aprender, algo podríamos ganar en la urgente batalla de construir buenos lectores, primero en casa.

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