Uruguay: el paisito del fútbol, el mate y los amigos

Mañana juega Uruguay en Rusia. Aunque no tendré oportunidad de verlo en televisión, deseo que venza nuevamente, sin tanto sufrimiento como el viernes pasado contra Egipto.

Desde hace un tiempo las personas y cosas entrañables del paisito se me revuelven y me brincan, juguetonas, en cualquier cancha. Si leo a Eduardo Galeano se me antoja prepararme un mate y disfrutarlo como hace Luis Suárez antes de los partidos del Barça. Si escucho a Alfredo Zitarrosa las canciones me llevan por las calles de Montevideo. Si escucho al Pepe Mújica quiero volver a leer su biografía, o disfrutar a Mario Benedetti leyendo poemas con Daniel Viglietti. Si escucho a Galeano la imaginación me ubica sentado frente a él en el Café Brasilero, con su copa de tinto, observando la calle bulliciosa con mirada penetrante.

Cuando los pienso, ahora, me resulta imposible sentarme en la sala de la casa de Galeano, mientras conversan sonrientes, copas de por medio, con Serrat y Sabina.

Cuando veo un partido de la selección uruguaya de fútbol se me mezclan todos esos personajes, lugares, libros, bebidas y quiero, con vehemencia, que ganen de nuevo y se vayan colando de a poquito hasta los primeros, es decir, hasta los últimos en volver a casa, con el talento que les sobra y el enorme corazón con el que aplastaron a 200,000 en el Maracana y millones en el campeonato mundial de Brasil en 1950.

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