Verano sin curso

Apenas terminar el año escolar en la primaria, Mariana Belén y Juan Carlos, sin revisar la oferta de cursos de verano, fueron contundentes: no queremos curso de verano, ya estudiamos mucho, queremos descansar. Así nomás.

Las réplicas tibias no tuvieron éxito. Los cursos comenzaron hoy y ellos se quedaron en casa. No pasó nada ni nadie sucumbió con el desorden.

A las doce del día hablé con Mariana; recién despertaba. La decisión era o podría ser cuestionable, pero a los 12 u 8 años, los niños tienen ya capacidad para empezar a decidir cosas con responsabilidad: no hay cursos de verano, pero sí un poquito de lectura diaria; no hay cursos de verano, pero solo un número limitado de horas de pantalla; no hay cursos de verano, pero sí las tablas de multiplicar, y ejemplos por el estilo.

No es tan fácil la decisión, por supuesto, en casa también hay riesgos, como demuestran las estadísticas delincuenciales, pero tenemos que aprender a vivir con adversidades y prepararlos.

Las dos semanas de cursos de verano pasarán a su ritmo, los niños dormirán más de lo normal, se desvelarán a veces, se levantarán más tarde, se desordenarán con la comida, con el baño y así. Todo es posiblemente cierto, pero ya serán adultos, tendrán empleo, una rutina, responsabilidades; entonces no habrá espacio para la libertad de decidir si vas al trabajo o no. Hoy sí, hoy pueden y creo que tienen el derecho de decidir.

 

 

 

 

 

 

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