BATALLAS COTIDIANAS POR TELÉFONO

ScarlettEntré a casa con dificultades. La maleta colgaba del brazo derecho, dos bolsas en la mano izquierda y un par de juegos de llaves en la otra. Con malabares casi habituales, producto de meter las llaves en la bolsa equivocada del pantalón, sacarlas con la mano indebida y no tener la destreza en ambas, traspasé la puerta y sentí el ambiente fresco, el silencio y la oscuridad del encierro almacenado durante la mañana. Fui depositando los objetos en su lugar. Las llaves en el llavero, la maleta en mi estudio y las bolsas en la cocina. Justo cuando respiraba aliviado sonó el teléfono, ubicado al extremo opuesto. Apresuré el paso para evitar que se activara la contestadora; un segundo antes apreté la tecla de “talk”.

-Diga. Respondí en forma seca, previendo las llamadas de extorsionadores a que me conduce el delirio de haberlas padecido un par de ocasiones.

Al otro lado suena una voz casi balbuceante.

-¡Buenas tardes! El señor Juan Carlos Yyyyaez.

Dudó al pronunciar mi apellido, que le parecía raro. A mí me resulta familiar, porque así aparece en la tarjeta bancaria.

-Yáñez, le corrijo con tono amable. Repuesta, vuelve al guion, con el énfasis que dicta el manual del vendedor por teléfono.

-Buenas tardes señor Yáñez. Mi nombre es Alejandra Corona, del corporativo de su banco. Dígame (preguntó, ordenó en tono suavemente imperativo), ¿cómo se encuentra esta mañana?

-Muy bien señorita Corona. Muchas gracias.

-Qué bueno señor Yáñez. Le llamamos del banco porque, gracias a su excelente manejo de la tarjeta con terminación 4589, le hemos preparado una promoción muy especial y sólo para clientes como usted.

Resignado caminé hacia el sillón frente a la tele. Me dejé caer sin prisa y cerré los ojos, dispuesto a no contrariar a mi mujer con groserías a una pobre empleada. La señorita Corona se explayó sin contemplaciones. En el segundo o tercer minuto de su letanía tuve un desvarío y empezaron a danzar imágenes en alguna parte de la cabeza. Pensé, entre muchas cosas, si aquella dulce voz era correspondida por una belleza espectacular enfundada en traje de empleada bancaria; o, tal vez, me traicionó la memoria, es tan gordita y repugnante como Hermelinda Linda, la bruja de los cuentos de mi infancia. Seguí. La imaginé con el traje ajustado y el enorme logo del banco, pero con la cara traviesa de Scarlett Johansson; luego, sin darme tiempo, apareció una flaca cuyas piernas tan delgadas serían capaces de sucumbir a cualquier viento, como hecha en dos dimensiones. La musa fugaz del teléfono me devolvió bruscamente a la realidad.

-Dígame, señor Yáñez, ¿a donde quiere que le enviemos la tarjeta?

-A ninguna parte (respondí desalmado, interrumpiendo cuando ella recitaba mi domicilio). A ninguna parte, señorita.

Sin chistar volvió a la carga, ahora me recitó el plan C, y en cien palabras resumió las ventajas que ni el más pendejo podría rechazar.

-No, señorita, no me interesa.

-¿Podría explicarme por qué?                           

-Señorita, cuarenta y cinco veces (exageré) les he explicado a sus compañeros cuando me llaman por qué no quiero saber nada de su banco, ni la bondad de sus promociones. Y las mismas cuarenta y cinco veces les he pedido que tomen nota y transmitan la petición de que no me vuelvan a ofrecer nada.

Mi oído, aguzado, detectó el cambio en el grosor de la respiración al otro lado del teléfono. Contó hasta tres y volvió como la maldad. La modulación cariñosa empezaba a decirme adiós.

-¿No puede decirme por qué no le interesa aprovechar esta oferta que le hace el banco? La contrariedad era inocultable en su timbre.

-No señorita, me entendió mal. No es que no pueda: ¡no quiero!

La imaginé congelada, o electrocutada con mi negativa. Respiró más hondo y tiró la última bala. La voz no era de la Dulcinea, sino la de la viuda triste o la mujer engañada vilmente.

-Para efectos del control de calidad, ¿podría responderme una pregunta?

-No señorita, no quie…

Me interrumpió bruscamente el sonido muerto al otro lado del aparato. Volví a cerrar los ojos, respiré el aire levemente húmedo en la oscuridad de la sala y esbocé una sonrisa reposada. No, no he ganado la batalla, mañana, pasado, cualquier día volverán.  

Comentarios

  1. Perla del Rocío Lara dice:

    Je,je,je,je… un mal que sufrimos muchos. Personalmente, atajo casi de inmediato informándole que no acepto nada que me puedan ofrecer vía telefónica y no quiero hacerle perder su tiempo de trabajo. Generalmente consigo que me cuelguen de inmediato. Es curioso cómo nosotros no queremos colgarles a causa de una elemental cortesía (de la que intentan sacar provecho) y ellos, cada vez más, no dudan en hacerlo…ni siquiera se despiden.
    Quisiera compartirle dos cosas que me enseñó una sobrina que alguna vez trabajó de ese otro lado de la línea: una, que cuando son escuchados, su entrenamiento les hace pensar que ya pescaron al cliente y otra más importante aún; hay que cuidar que en ninguna de nuestras respuestas digamos la palabra “si”, porque ellos pueden editarla para presentar una grabación en la que supuestamente aceptaste lo que te ofrecen. Saludos. Buen día.

  2. Jajaja, muchas veces me ha pasado lo mismo, desde el apellido que les resulta extraño y a mí familiar, pasando porque me imagino a una linda mujer, en mi caso es Amy Adams, Jennifer Lawrence o Anne Hathaway, en esas estoy, imaginando, cuando me dicen ¿adónde le mando su tarjeta? y me despiertan del sueño que me gusta soñar, y resulta que no entendí nada, que me perdí en la tercera oración que me dijo, me distraje totalmente, no sé qué contestar, lo primero que se me viene a la mente es que yo no tengo ninguna cuenta con ese banco y que no la quiero tener, me ataca con su plan b, me vuelvo a perder en la ensoñación de una quimera o de una diosa, me vuelve a preguntar lo mismo, respondo lo primero que se me viene a la mente, señorita, yo no soy Alberto Llanes, la persona que busca en realidad es un personaje que no tiene firma ni domicilio fijo, ni intención de tener tarjeta ni medios para pagar la cómoda mensualidad (que fue lo único que percibí con claridad) que usted me dice. Entonces cojo el teléfono con ambas manos y, con la mano izquierda, pulso el botón de colgar, antes de que escucho, a lo lejos porque me retiré el auricular, que maquina, diabólicamente, su plan c…

  3. 2B Dulce Rosario Vargas Zepeda dice:

    1. Sometimes the banks can be very bothersome.

    2. In my family happen similar situations with the banks, often my mother ended angry for the insistence.

    3. Many times they have a microphone that make record and later used to modify at your convenience.

    4. We must care us of the possible bank extortion.

  4. 2-B Fernando Salcedo Castellanos dice:

    1- I was very stressed. The phone rang just located at the opposite end.
    2- The call was for a very special promotion bank.
    3- They wanted to send me the card, but I said no.
    4- No, I have not won the battle, tomorrow, day after any day they will return.

  5. Any dice:

    Jajaja no lo podía haber expuesto de mejor manera, saludos.

  6. 2b Andrea Contreras Orozco dice:

    1.This history is very normal as a family call.
    2.Is funny sometimes because the people change often queen and others times monsters.
    3.Definitely I hate this type of call because is lose my time.
    4.Your article really I loved and I imagined Scarlett Johansson also.

  7. 2B Jose Pazcual Chavez dice:

    1.He entered to the house, but she put her keys in the wrong back
    2. he pressing the key “TALK” to answer in the phone
    3.on the phone asked for Mr. yañez
    4. and was talked from the his corporative bank

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