Cuatro minutos bastan para enamorarse

Leía a Carmen Guaita, filósofa y pedagoga española, cuando encontré un pensamiento que me detuvo y zumbó el resto del día: Cuatro minutos mirando a los ojos de otra persona son suficientes para enamorarse.

¿Es posible? ¿Será cierto? Mascullé ideas en torno a la afirmación tan corta de palabras pero extensamente provocadora.

Rememoré entonces que sí, que alguna vez, lejos ya en el tiempo y en la memoria, fui consciente de que un cruce de miradas durante cuatro, tres, cinco minutos había provocado un aguijonazo memorable en el corazón, o alguna parte difícil de explicar. Fueron los ojos quienes se cruzaron, pero fue también una instantánea que se me untó en la retina, con los rubios bellos de ella, de su brazo derecho, levemente azuzados por el viento suave.

El recuerdo se fue abriendo, como si descorriera el velo pesado de los años. Lo reviví jubilosamente: el mundo cambió, algo se movió en aquel instante. Supe que allí, mirándome en sus ojos, me enamoré para siempre de una chica de la cual ahora no puedo siquiera recordar el nombre.

Comentarios

  1. Yo dice:

    Iba de ociosa por Facebook cuando me topé con esto.
    Pa’ mi con menos es suficiente. Cuatro minutos me parecen mucho. A veces con unos segundos basta.

    Lindo final, me gustó!

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