CURA PARA LA FATIGA

“¿Necesitas tomar café o té para despertar? ¿Te sientes cansado sin razón aparente? ¿Estás completamente estresado al final de la semana o incluso al final del día?”.

Si alguna de tus respuestas es afirmativa, entonces, dice la publicidad, cómprate el maravilloso libro La cura para la fatiga, escrito por Sohère Roked. El subtítulo no deja lugar a dudas: “Descubre cómo combatir la fatiga y recuperar la credibilidad”.

Sólo tiene dos inconvenientes, uno menor, es cuestión de tiempo: saldrá a la venta en formato e-pub el 15 de enero, en unas horas nomás. La otra me parece más estructural: si vives dormido, cansado, apenas abres tus ojitos a mediodía ya en la oficina o escuela, estás estresado o francamente encabronado, no tendrás tiempo ni ganas de leer un libro, así prometa la cura maravillosa para el bíblico pecado de la pereza (o alguna enfermedad que te la provoca).

Creo que aquí sí les falló a los genios de Penguin Random House, pues en lugar de un libro de casi 300 páginas, debieron sacarlo en formato audiolibro, en serie de dibujos animados, o ya de plano en película de tercera dimensión. Eso sí sería genial, coherente, sobre todo.

 *

 En la sección “Cultura” (la explicación me la deben), Milenio.com informó esta madrugada, literal: Cofepris anuncia operativos contra hospitales “patito”.

El cuerpo de la nota señala que la Cofepris, es decir, la Comisión Federal para la Prevención de Riesgos Sanitarios, se ha percatado de un “aumento exponencial” de “unidades, hospitales y centros de atención médica ilegales”, lo que obligará a una intensiva supervisión con un ejército de cinco mil verificadores. Más: que dichas unidades, hospitales y centros son dirigidos u operados por personas que no tienen cédula profesional para el ejercicio de la medicina general o especializada.

Su reporte en 2014 fue espectacular y revela presuntos fraudes (lo último es mío): de 944 verificaciones a 181 hospitales, 675 consultorios y 88 clínicas, se suspendieron 23 hospitales, 113 consultorios generales y 15 clínicas estéticas.

Si los datos son alarmantes, pongo atención en lo siguiente: “Las suspensiones se efectuaron porque carecían de licencia sanitaria y ofrecían servicios en casas, usando cuartos de dormir como consultorios y centros de cirugías, para los cuales no contaban con personal capacitado, incluyendo anestesiólogos y enfermeras. Tampoco tenían el equipo necesario y aprobado por la norma necesaria”. El saldo fatal: tres personas muertas. Los efectos, según el recuento del entrevistado, son innumerables, especialmente en cirugías estéticas.

Alto costo de la vanidad y del deseo perenne de prolongar la juventud y la belleza. Y desmedida ambición de los vivales que fueron inspeccionados. Otros, muchos otros, en hospitales clandestinos, “patito” u oficiales seguirán, no tengo duda, haciendo de las suyas. A quien lo dude, le invito la lectura de un capítulo sobre el tema en De los libros al poder, de Gabriel Zaid.

Deja tu comentario