DÍA DE EXAMEN

Esta mañana, mientras nos preparábamos para salir al colegio, se me grabó la cara angustiada de Mariana Belén al preguntarme: ¿y si no contesto bien el examen? Se refería a la prueba estatal de avance educativo, de la cual nos enteremos 12 horas antes. No te preocupes; es un examen diagnóstico, y le expliqué lo que creo. En realidad, no tengo conocimiento preciso, pero insistí en mis recomendaciones habituales para periodo de exámenes.

Esa es una de las peores imágenes que tengo de la escuela. No de un colegio en particular, sino de la escuela como institución social. La imagen atemorizante de la escuela en ciertos momentos del año, en que llegan las temidas pruebas. No sé si sentimientos como los de Mariana son generalizados en otros alumnos, pero ella, que casi nunca ha reclamado ni se queja al despertarla cada mañana, solo sufre cuando llegan los exámenes. No quiero imaginar qué pasaría si en casa la presionáramos con la exigencia de buenas calificaciones, pues su única obligación es el esfuerzo razonable y la responsabilidad.

Dejo el ámbito familiar. Insisto en la animadversión que me provoca esa idea que promueve a la escuela como sitio de tortura, espacio de tareas rutinarias y domesticación de inquietudes. Esa es la peor escuela de formación ciudadana.

Nunca he pensado que la escuela tenga que ser fácil o divertida. Los profesores no tenemos la obligación de divertir a los alumnos en un salón de clases, pero tampoco tenemos el derechos de matarlos de aburrimiento con clases intrascendentes.

Hacer de la escuela una aventura vital no es fácil, pero no hay otra forma de concebirla si queremos que los niños vayan a ella para aprender a ser mejores personas, no solo para instruirse en matemáticas, ciencias naturales o civismo. Esa tarea vital, de ciudadanización, de amplitud de horizontes de los niños se ejecuta en un escenario agradable, o matamos lo más valioso de la infancia.

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Rita, excelente estudiante de pedagogía, y mi asistente en el curso de Formación Ciudadana durante el actual semestre, me recomendó ver un capítulo del “Informe Kliksberg”, una serie para Encuentro, canal argentino de televisión.

En la apacible comodidad de mi cubículo, esta tarde lo vi. Es un análisis de los seis problemas que, a su juicio -lo comparto-, enfrenta la educación en América Latina. Después de este, me prometí observar uno cada día durante el mes.

El martes próximo será insumo para nuestra clase.

Comentarios

  1. 2B Andrea Contreras Orozco dice:

    1) The fear of exams was the monster of students.
    2) A school day may be normal.
    3) Bit comino exams stress begins.
    4) True teachers don’t have to be boring to teach well.

  2. Any dice:

    ES muy cierto los profesores no tienen porque divertir a los alumnos de igual manera estoy muy de acuerdo en que las clases no necesitan ser aburridas, le comparto una experiencia que tenemos día a día en nuestra aula,probablemente muchas alumnos tengan esas clases a las que solemos llamar “relleno” pues tal cual no tienen nada de la carrera que estamos cursando, pues bien esta materia de “relleno” ocupa casi un 80% de nuestros trabajos diarios y no esta mal, excepto cuando el profesor no se toma ni 10 segundos para leer el título, en verdad como trabajar con estas personas, cuando llegue el momento del examen en verdad sentiré que puedo fallar, porque no sabre si mis títulos fueron bien escritos.

  3. 2D Jesús Alejandro Hernández Mancilla dice:

    1.- For me sincerely tests are a joke.
    2.- I try to take the exams in stride, but never trusted.
    3.- I think every teacher has their fashion to teaching.
    4.- I think you should give all at the school.

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