DOMINGO DE FÚTBOL

Hambrienta de victorias importantes, a la altura del enorme negocio que representa el fútbol, la afición mexicana espera una victoria esta tarde en la final de la Copa Oro. Algo es algo. Aunque este algo es muy poquito, una miseria que ni siquiera vale como pasaporte para la copa de campeones de los continentes, la llamada Confederaciones. Pues sí, pero una final es una final, dirán los de hueso tricolor.

El torneo es un chiste al que no respetan ni los organizadores. Es inaudito: en una semifinal colocan como arbitro central a un señor de la nacionalidad que se juega en la otra llave. Y dos días antes del partido en el Olimpo de la devaluada Concacaf, empieza el torneo doméstico mexicano. ¿Dónde se ve eso? Pues sí, en el subdesarrollo. ¿O acaso veríamos a un árbitro alemán en una semifinal entre Francia e Italia, cuando los alemanes se juegan la suya contra españoles?

Los escándalos del arbitraje no son exclusivos de esta región del mundo. Pero, hoy por hoy, México es cliente VIP si el partido es en Estados Unidos: un penal contra Costa Rica y cuatro acciones favorables ante Panamá, son un cuento con pocos precedentes. La afición patriótica, enredada en la bandera, busca y encuentra ejemplos. El penal del último Mundial, cuando México no pudo ganar ante Holanda (no es tema de discusión ya: personalmente creo que Rafa Márquez se equivocó en la entrada polémica).

Otro caso citado: el gol con la mano de Diego Armando Maradona frente a Inglaterra en el Estadio Azteca. Inobjetable. Después de ese gol tramposo, Maradona burló a todos los ingleses en el campo y subió el marcador a 2-0 y se cobró, a su manera, la afrenta de Las Malvinas, con el gol más bello que vimos en un mundial de fútbol. Pero fue una jugada, una. A México lo favorecieron 5 veces en dos partidos, y eso no es culpa del Piojo o los jugadores, eso es indiscutible, hasta que no se demuestre lo contrario. Es una suerte de azar muy poco azaroso.

También hay que admitirlo: lo que tocó a los futbolistas en la cancha ha sido una pobreza insultante, lejos de los sueldos millonarios que ganan. Pero todo eso quedará en el bote del olvido si México vence. Cuando la Selección gana, muchos recogen la cosecha: la federación, las televisoras, los patrocinadores y la afición tendrá un vasito de miel para calmar las amarguras. Pues que siga la pesca, mientras, los pobres seguirán aumentando y cada día serán más pobres.

¡Hoy, se trata de mover a México al ritmo de los goles! ¡Que lo disfruten!

Comentarios

  1. arthur dice:

    Logros legítimos se reconocen y se festejan.

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