EN BUSCA DE LA ENCICLOPEDIA

Imagínese que es usted un notable miembro de la Real Academia Española y en el siglo XVIII emprende un viaje fascinante pero peligroso de Madrid a París, en busca de la novísima obra en 28 volúmenes que habían creado los genios franceses de la Ilustración: la Encyclopédie. Pongamos, por ejemplo, que se llama Hermógenes Molina o Pedro Zarate; bibliotecario el primero, almirante el segundo. Como podrá advertirse, no será fácil, por el largo andar entre caminos infestados de salteadores y por las intrigas desde los sectores más retrógrados que se niegan al progreso.

Pues no. No se lo imagine. Mejor consígase Hombres buenos, porque lo leído antes forma parte de la historia escrita por Arturo Pérez-Reverte.

En las primeras jornadas del viaje en una berlina, luego de sufrir un ataque, Pedro Zárate dicta una definición magistral sobre los libros, la cultura, la educación, los maestros:

nadie puede ser sabio sin haber leído por lo menos una hora al día, sin tener biblioteca por modesta que sea, sin maestros a los que respetar, sin ser lo bastante humilde para formular preguntas y atender con provecho las respuestas.

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