EN TRÁNSITO

Ciudad de México. Mientras espero la salida del vuelo a Saltillo comienzo a pensar en el motivo para esta página. Varios se agolpan y me atropellan la escasa serenidad.

Se me ocurre, por ejemplo, escribir (y lo hago en un tuit) que los aeropuertos son sitios donde tengo la sensación de no estar en ninguna parte. Aunque no es estrictamente cierto por sus dimensiones, climas, paisaje o movimiento, pero sí en el hecho de que todos estamos de paso, unos volviendo, otros regresando, unos alegres por llegar, aquellos por partir, tristes por despedirse o por volver. En fin. Esas cosas me resultan interesantes pero las hago a un lado.

Miro el libro que tengo en las manos y digo: aquí hay tema para algunos. Tiene por título La buena y la mala educación. Ejemplos internacionales, de una experta sueca llamada Inger Enkvist. Pero apenas leí unas páginas y no me da para más allá de este parrafito.

¡Los personajes públicos que observé hoy en el aeropuerto! ¡Sí, eso podría ser! No, luego me detengo. Me da un poco de flojera decir que esta mañana vi conversar animadamente a un grupo de cuatro jóvenes políticos de Colima mientras esperábamos el avión al Distrito Federal. No me interesa de qué hablaron, aunque tal vez debí ser más chismoso y acercarme porque evidentemente hablaban de las nuevas elecciones y sus particulares interpretaciones. Lo descarto. Ah, sí, de la guapísima artista de teatro y televisión. Pero no, ahora que pasó a un metro se rompió la imagen que tenía. Me pareció un poquito falsa, flaca y vieja.

Pienso también que podría escribir de las primeras impresiones de Saltillo, del hotel donde me hospedo, de las dificultades que tengo para dormir la primera (a veces más) noche fuera de casa. O de la declaración del Papa Francisco con quien, otra vez, estoy de acuerdo: no hay mejor forma de perder el tiempo, todos los días, que con los hijos.

Y así, voy desgranando temas, hasta que caigo en la cuenta que son casi las siete de la tarde, que estoy hospedado en un hotel de Saltillo y me espera una pesada (aunque interesante) agenda de trabajo y, obsesivo como soy, debo revisar por penúltima vez mi conferencia del jueves y ajustar dudas del taller que inicio mañana a las 3 de la tarde. Dejaré para cualquier día el tema de hoy.

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