EXPLOTACIÓN EN EL SIGLO XXI

En su breve pero sustancioso libro sobre el aburrimiento de los estudiantes (¿Chicos aburridos? El problema de la motivación en la escuela, Rosario, Homo Sapiens, 2011), Cecilia Bixio escribe:

El olvido y el error abren la puerta a los saberes de los que no sabemos que sabemos.

Pocos párrafos adelante martilla:

Una educación democrática requiere de una escuela que también lo sea, que circule construyendo significados para la propia imagen y la de los otros como semejantes y diferenciados, y se instituya entonces como educación pública.

La lectura de esta clase de textos me dejan reflexiones; obligan a coger pluma y cuaderno para tomar notas que aclaren pensamientos e instiguen preguntas nuevas.

 

Explotación en el siglo XXI

Esta mañana me enteré en Canal Once del rescate de 48 trabajadores jornaleros de origen mixteco, brutalmente explotados en Colima. Un puñado de infantes vuelve todavía más inadmisible la situación.

En AFmedios encuentro un par de horas después más detalles, entre ellos, el nombre del explotador.

¿Nadie sabía? ¿Tuvo que venir una inspección federal para detectar un hecho oprobioso? Las imágenes en la televisión y en la nota del portal informativo colimense son ofensivas; prueba de la condición inhumana en que sobrevivían.

Mentiría si me llamara sorprendido. México todavía hospeda esta clase de fenómenos denigrantes de la condición humana y reveladores de incapacidad o corrupción gubernamental.

La explotación de la niñez o las condiciones laborales en empresas locales son evidentes y conocidas, para quien no cierra los ojos. Se sabe, pero no se actúa. Complicidad de unos, indiferencia o insensibilidad de la ciudadanía.

La triste realidad es que esas personas rescatadas pueden quedar en situación peor. Sin apoyos ni políticas efectivas, podrían sufrir indefensión absoluta. Y es que, como recordara Carlos Fuentes, hay algo peor que ser explotado, y es no serlo.

Parece mal chiste, pero es verdad. Con la explotación esas personas por lo menos ganaban tres pesos por cada cubeta de pepinos; unas treinta al día, declaró un niño entrevistado por el reportero. Pero de allí pagaban su comida y un miserable alojamiento. Sin esos tres pesos y una pocilga, sin políticas efectivas, no tienen nada, ni eso.

Pobres, indígenas, niños, sin escuela, una tierra extraña. ¿Qué les depara?

Apenas termino de leer la nota sobre el tema cuando me llegan las primeras noticias del accidente de aviación en el vuelo de Barcelona a Dusseldorf. Veo la larga nota de El País y luego las primeras imágenes del entorno. Imposible no sentirlo. Otro día triste.

Comentarios

  1. arthur edwards dice:

    La combinación de pobreza y un sistema económico mundial que reduce a personas a simples insumos logra deshumanizarnos cada día más.

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