FEBRERO 1

Fin de semana en Manzanillo. De nuevo. Ahora para cumplir compromisos familiares. El clima, otra vez, benigno. Me encerré en el departamento al oscurecer y no tuve necesidad de salir. Solo un Jack Daniels y café lubricaron las horas frente a la computadora.

Los gritos de los niños apenas me distrajeron. En dos archivos trabajé febril y apasionadamente. Entre la noche y la jornada dominical el resultado fue espectacular: avancé un tercio de la revisión final de Nuevas figuras y otras paisajes de la educación. Conforme lo planeado, el martes estará en la editorial. Puertabierta, para decirlo sin anónimos.

Este mediodía completé la cosecha. Tengo la primera versión digital de otro libro que llevará por título El ocaso neoliberal. Ensayos sobre educación. Es mi debut en estas tareas.

El resto del domingo tengo licencia para lo que me plazca, que no es complicado: elegir un buen vino tinto y sentarme a ver el partido final del fútbol americano con un súper tazón de comida.

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En Manzanillo comenzó este diario el 1 de enero. El ritmo me satisface. Ya cumplí dos metas. La primera, llegar a diez páginas consecutivas, diez días sin parar. La segunda, alcanzar el primer mes completo. Ha sido más fácil de lo previsto, mucho más placentero de lo imaginado.

La tercera meta es más ambiciosa y lejana: cien páginas. ¡A por ella!

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