HOMO ACADEMICUS

Con el arribo de los meses finales del año se intensifican las reuniones académicas (con distintas denominaciones) en el campo educativo. Las hay de todos tipos, desde el masivo congreso nacional organizado por el Consejo Mexicano de Investigación Educativa, en sedes itinerantes, hasta otros más acotados en temáticas o ámbitos de influencia geográfica.

No soy tan habitual, así que no puedo calificar su calidad, pero sí llamo la atención sobre una variante, de los menos respetados, y que han sido alentados por las políticas que premian la productividad individual de los profesores con incrementos salariales selectivos.

Intentaré explicarlo breve. Una constancia como ponente tiene más valor según el estatus del congreso; ergo: los internacionales tiene valor superior a los nacionales, y estos a los estatales. Siendo tan clara la directiva, entonces, la tarea es organizar congresos internacionales, aunque nada más asista un ponente extranjero y tres de estados vecinos. No importa. Cuenta el nombre, y que así quedé consignado en papel.

¿Y los asistentes? Pues alumnos, ¡quién ha de ser! Son clientes cautivos de lo que sapientísimos profesores consideran relevante, porque es nuestra materia, nos gusta o está de moda.

Difícilmente estos congresos tienen la calidad suficiente como para repetirlos y llenarlos con inscripción libre. Difícilmente tienen la calidad como para recordarlos dos meses, tres semanas, tres días después. Difícilmente.

Estos múltiples congresos, muchos de ellos financiado con recursos públicos, son otra expresión de la despreciada calidad de la educación, de su falta de rigor o de la falta de prestigio ante otras profesiones o campos científicos. Pero qué se le va a hacer. Así ha sido, así es y nada indica que pueda cambiar.

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