LA ENSEÑANZA COMO UN VIAJE DE ESPERANZA

Mi primera lectura de la mañana es sobre estudiantes aburridos y la crisis de la escuela, expresada en su desvalorización social.

Las hipótesis de la autora, Cecilia Bixio, son plausibles para reflexionar, pero me queda la impresión de que en nuestros contextos el problema (si se lo plantean) y las alternativas de los políticos y de quienes toman decisiones no circulan por esos carriles, ni siquiera próximos. Afirma:

Cuando, desde ciertas políticas neoconservadoras se pretende resolver la crisis educativa con cursos de capacitación e innovación exitosas, sólo se logra taponar, obturar la posibilidad de pensar y desviamos la atención hacia caminos secundarios.

Pienso justamente lo mismo cuando leo o escucho que las autoridades educativas declaran, orgullosas, que la meta en que están empeñados es mejorar los resultados de los alumnos en los exámenes estandarizados. Las ramas, no el árbol, menos el bosque se aprecian con esa miopía.

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Esta tarde presentamos ante estudiantes y profesores de la Facultad de Pedagogía el libro Las escuelas: desolación y encanto. En mi cuaderno de apuntes tracé algunas ideas principales para desarrollar en la tarde espléndido, fresca y al aire libre.

Expliqué el origen de este libro como parte de un viaje de esperanza basado en un conjunto de ideales, tal como bellamente definieron Day y Gu a la enseñanza.

La capacidad de conexión distingue a los buenos de los malos maestros, leí el fin de semana. Los buenos, dice Palmer, poseen la capacidad de conectar con otros profesores, con la materia y con los estudiantes.

La capacidad de conexión no se basa solo en los métodos, sino en sus corazones, definidos como el lugar donde convergen intelecto, emoción, espíritu y voluntad. Es decir, que para ser buen profesor hay que saber, sentir, querer y poder.

El libro está escrito desde allí, desde el corazón. Que puede ser descrito también como la esperanza: es decir, desde la convicción de que nuestra misión pedagógica tiene un sentido trascendente y hay que hacerla sin dilación, regateos y con pasión.

Es una interpelación que se dirige a provocar algunas preguntas y reflexiones, pero también algunos sentimientos desde y sobre la escuela. Espero lograr ese deseo cuando los estudiantes que adquirieron el libro lo tomen en sus manos y vayan pasando por sus páginas.

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