LA ZARZUELA

“La Zarzuela” es el restaurant del Hotel Royal Palace donde me hospedo desde anoche. Aquí escribo estas líneas, a un metro de la puerta que conduce al bar “Chapelle” del propio hotel. Ahora, como ayer, las mesas están vacías. Ocupo la misma que ayer.

Una partecita del menú, como cabe suponer, es de la cocina española. No me apetece. No he probado y no creo intentarlo en las próximas visitas. El buffet de desayunos es realmente espectacular; el mejor que he visto en mucho tiempo: espléndido en jugos, comidas y pastas. Triste, infaustamente, mi jornada laboral impide casi cualquier exceso. Al desayuno no puedo cargarle de más, pues le siguen cuatro horas de trabajo. Al regreso para comer, apenas le resta una hora de descanso. En la noche tampoco soy dado a ese tipo de excesos, para no pagar las consecuencias de la incomodidad o franco desvelo.

La jornada laboral fue intensa y productiva. Satisfactoria para mí. El viernes evaluaré con los asistentes al seminario y podría matizar el juicio. La paciencia, interés y participación del grupo de 25 profesores es estimulante.

Lo que lamento es no tener tiempo de caminar la ciudad, conocer poco de sus aires y calles a través de los pies. Al tiempo escaso, sumo el clima, asfixiante por estos 40 grados, soportables por lo seco, si no esperara una jornada igualmente cargada al día siguiente.

De nuevo Juan Carlitos me ha secuestrado el corazón. Ninguna novedad. Esta tarde me contó, emocionado, lo que quiere que le lleve del viaje: una pluma –sin más detalles– y la foto de “mis alumnos”. ¿Le puedo negar el deseo?

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