LECTURA Y UNIVERSIDAD

 

Pixar_Animation_Studios_2La compañía PIXAR, creadora con Disney de algunas de las más espectaculares películas infantiles de nuestros días, permite y alienta que sus empleados busquen opciones de actualización que les enriquezcan personalmente y luego en su actividad laboral.

Cuando me enteré del hecho me pareció absolutamente coherente. Inteligente. Las personas en nuestra función económica, llámese obreros, empleados, funcionarios, profesores universitarios, no somos ajenas al conjunto de nuestra humanidad. La armonía o el equilibrio entre todas nuestras facetas le concederán mayor consistencia  y entusiasmo a la tarea productiva que debamos desempeñar.

Leyendo lo que hace o hacía la compañía creada por George Lucas y redimensionada por Steve Jobs, recordé que en mi último puesto como funcionario en la Universidad de Colima un día tomé la decisión que creí atrevida pero necesaria: sentados en nuestra sala de reuniones les pedí a mis colaboradores que tomaran una parte de su tiempo de oficina para leer. Que leyeran, era el imperativo. No porque no lo hicieran; en general, tuve siempre magníficos equipos, pero quise alentarlos a que nuestra atmósfera se contagiara de lecturas, conocimientos, nuevas ideas, perspectivas distintas.

Nunca evalué si funcionó o no. Tampoco supe qué opinaron cuando lo escucharon. Pero allí queda, y ahora lo recordé.

No puedo hablar con propiedad de otros ámbitos laborales, porque no los conozco, pero sí del universitario. Y allí la lectura es tan vital como el agua o la respiración. De dónde, si no, surgen las preguntas, que deben ser motor de la vida universitaria. Y si esas preguntas son compartidas, analizadas grupalmente, los indicios son tan vigorosos, que no importa si los indicadores abstractos dicen lo contrario.

A los alumnos se los forma no por la perfección de nuestros indicadores en informes oscuros, sino por el atractivo de las preguntas y actividades que inundan los salones de clase.

 

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