MANUAL PARA CANDIDATOS 3

pez-espada-de-manzanilloMe cuentan amigos del puerto sus impresiones en los primeros días de la campaña por la presidencia municipal. No me sorprenden algunas prácticas clientelares; sí, que las actitudes ciudadanas no cambien sustancialmente, y floten entre el miedo y la indolencia. Pero no es el tema, sino la oferta en materia educativa.

Sin consultarles expresamente, ellos se anticiparon: puntualmente detallaron qué ofrecen los candidatos con reales probabilidades de ganar la alcaldía. Les creo y a partir de ello juzgo, pero no quiero abusar del adjetivo despectivo, por eso eludiré la calificación.

No esperaba, sinceramente, ningún ofrecimiento fuera del estrecho programa que constituye el sentido común dominante en las políticas públicas. También ahorraré recitarlo.

Lo que realmente me interesa es puntualizar la inoperancia voluntaria de los municipios frente a la educación. Adviértase, además, que se falta al artículo tercero constitucional, que responsabiliza al Estado (federación, estados, municipios, dice literalmente) de procurar que la educación impartida tienda al desarrollo armónico de todas las facultades, etcétera. Es decir, educar es función de los municipios.

El soslayo de la función pedagógica del municipio es palmaria en un hecho: no existe en sus estructuras una dirección de educación, y suele aparecer como anexo de la dedicada a la cultura y el deporte. Más evidente no puede ser.

Probablemente haya que explicarles que la educación no sólo ocurre en la escuela, ni es patrimonio exclusivo de las secretarías de educación o los maestros. Es verdad, ellas tienen esa función primordial, pero la educación existe fuera de la escuela: en el hogar, en las calles, en las instalaciones deportivas, en los parques públicos, en la actitud de los servidores gubernamentales, en los medios informativos.

La promoción de la buena educación es tarea que no pueden seguir eludiendo como hasta ahora hicieron.

Me temo que la miopía ganará de nuevo la partida.

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