MAYO 30

Leer a Gay Talese cada noche, o algunos minutos al despertar en días como hoy, me provoca emociones contradictorias: disfrute por la maestría con que maneja el lenguaje en el intersticio donde se cruzan literatura y periodismo, al mismo tiempo, rubor por el atrevimiento de escribir una columna semanal en medios.

Admiro tanto la magistralidad literaria y periodística del creador del nuevo periodismo, que la línea fijada inhibe los apetitos de continuar en la persistente labor semanal. Conmociona y emociona. No puedo evitarlo.

Tal vez seré reiterativo, pero me pregunto ahora ¿qué fue primero: los malos periódicos o los pésimos periodistas?

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