NOMÁS POR CURIOSIDAD

Mediodía en Colima. A esta hora se difunde la información del conteo de votos de Jorge Luis Preciado e Ignacio Peralta. 506 votos más dan el triunfo al priista. Se cierra una etapa y vendrán otras, supongo, pues los panistas con su marcha desde Manzanillo demuestran que no terminará el litigio legal y político.

Con el resto de las posiciones en disputa ya definidas, me surgen preguntas cuyas respuestas tendrían que ser parte de nuestra cultura democrática: transparencia en serio, justicia sin colores de por medio, responsabilidad de los partidos y candidatos y, sobre todo, determinación en la ciudadanía. Del arbitraje, esta vez, vino la sombra más funesta. Lamentable que se confunda ciudadanización con improvisación o liviandad.

A esta hora, con capítulos por escribirse, ya se obtuvieron muchas lecciones, especialmente de los candidatos (y candidatas) derrotados. Juzgar a los votantes a la ligera, como hizo un político de la cúpula priista, solo desprestigia más a los jueces. Decir que perdieron los inteligentes y ganaron los tontos, en caricaturizada fórmula, no ayuda a entender el mensaje de la ciudadanía. Una ciudadanía que, también hay que decirlo, confunde por las veleidades, pues vota de forma inexplicable a candidatos de probada ineficacia, vocación demagógica y desprecio a la opinión ciudadana, mientras bota opciones frescas y alentadoras.

El gran riesgo que advertía Guillermo Jaim Etcheverri, ex rector de la más grande universidad argentina, con variantes, se hizo patente en algunas expresiones de las elecciones colimenses: una democracia fundada en ciudadanía iletrada políticamente conduce al imperio de la turba; aunque, cruda paradoja, no es Fuenteovejuna quien gana. Allí están, por ejemplo, las estadísticas sobre el voto de acuerdo con los grados de escolaridad. Para reflexionar.

A mí, nomás por curioso, me gustaría saber las cifras finales en pesos y centavos. Me pregunto, por ejemplo, cuánto gastaron en las campañas políticas todos los partidos, y cada uno por su cuenta; cuanto costaron los votos de cada candidato, de Barbazán a Nacho Peralta.

Sería muy interesante, y hasta obligado, saber cuánto costaron los votos de cada uno de los diputados, de Nicolás Contreras, por decir un nombre, a quien apenas vimos en los medios, contra el de candidatos que aparecían por todos lados, con entusiasmo y muchos miles de pesos. O el costo de cada uno de los votos de Javier Ceballos, compañero universitario; los de la esposa de Mario Anguiano. Y así.

 

13 de junio

Trece de junio es una de esas fechas imborrables desde mis primeros años de infancia en casa de la familia paterna. Antonio era el nombre del abuelo. Nino, le decíamos. Ese día algo había siempre, por lo menos misa. Muchas veces en la capilla de lo que hoy es El Jacal de San Antonio, así que salíamos hacia allá en caravana familiar vespertina y regresábamos con el crepúsculo.

La noche de ayer lo recordé, porque mi padre me mostró un par de credenciales del Nino, y supe o recordé lo que tal vez olvidé con los años: que había nacido un 13 de junio de 1904. Una credencial, fechada en 1964, dos años antes de mi nacimiento, me desató un alud de recuerdos que aumentaron en casa de mi hermana, mientras pasaba los ojos por muchos de los cuadros que mi madre pintó en sus últimos años.

Un mar de nostalgias y no pocas tristezas. Una montaña de recuerdos por las raíces que me dieron apellido y existencia, un apellido que, por cierto, algún accidente burocrático mutiló en la familia.

 

10407222_950596371671405_5640911971027329460_nLas birome

¿Ustedes sabían que las infalibles BIC fueron creadas por Bíró, un inventor mitad húngaro, mitad argentino, y por Meyne, socio de Bíró?

Al unir sus apellidos dieron paso a la palabra Birome. Y nuestras Bic, así se conocen en Argentina: las birome.

Lo recordé porque ayer compré mi nueva birome tinta azul, ideal para escribir en libros.

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