PÁGINA 200

Durante diciembre pasado, entre mi antigua casa en Villa de Álvarez y la playa en Manzanillo, acaricié la idea de un proyecto de escritura inédito en mi experiencia. No era la primera vez que me tentaba idea semejante, aunque de corto alcance. Para el Mundial de Brasil 2014 también lo imaginé, pero deseché casi de inmediato. Ver futbol todos los días, cualquier partido, leer prensa deportiva y programas de análisis en la televisión me aburriría, además, faltaría tiempo. No, no era buen momento.

Leyendo el diario escrito por Andrés Neuman en su periplo por América luego de ganar el premio Alfaguara confirmé que sí, que 2015 era un reto colosal, a la altura de lo que buscaba. Y así me preparé, con emoción y pocas reglas: una página (poco menos, poco más) diaria, escrita cada día, sin guardarlas para cuando se secaran las ideas; con licencia para incumplir el diez por ciento, es decir, tres veces por mes. Rebasar ese límite me haría perder el reto sin contemplaciones.

El récord supera toda expectativa: cuando han corrido 206 días solo fallé seis ocasiones, casi todas por problemas con el tiempo.

Hoy (25 de julio) alcanzo las 200 páginas. Es motivo simbólico de festejo. Es la cuarta de seis metas: la primera, las primeras diez ininterrumpidas, las 50 y 100. Hacia delante, dos más: 300 y la última.

La bondad de este llamado Diario 2015 (síntoma de déficit de imaginación bulliciosa) es inestimable. Gracias al termómetro de los lectores que visitan la página en Facebook o en mi blog, identifico gustos y simpatías, y aunque no siempre estamos de acuerdo, agradezco la compañía, estímulo adicional.

En el horizonte me motiva seguir experimentando, cual es la intención original. Aquí cabe una advertencia del autor: este no es un diario de las emociones personales (aunque algunas puedan identificarse); tampoco es un recuento verídico de la realidad: a veces sí, a veces es producto de la imaginación, otras mezcla un hecho con las percepciones, en fin. Pero el lector, por supuesto, puede leerlo como le plazca. Si le gusta, bueno; si no, tampoco habrá sufrido daño irreparable.

Algunos propósitos he sumado a lo largo de estos primeros siete meses: ganar algunos lectores; dejarles a Mariana Belén y Juan Carlos un registro de lo vivido-imaginado-soñado por su padre entre libros, periódicos o computadoras; paseando en escuelas, caminando calles y observando lo que en ellas ocurre y, finalmente, pero en primer lugar, mi aprendizaje con sus diálogos, curiosidad, sentido alegre de la vida e inmensa fuerza para levantarse siempre de cualquier caída.

Este diario no tenía, pero ya tiene dedicatoria.

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